Hoy en Chicas Gamers ponemos el foco en MIO Memories in Orbit, una ambiciosa aventura de ciencia ficción que mira de frente al legado del metroidvania moderno. Atmosfera envolvente, exploración laberíntica y un misterio que orbita entre la memoria y la identidad. ¿Está MIO preparada para recoger el testigo de los grandes del género? Acompáñanos y descúbrelo con nosotras.
Desde que Hollow Knight redefinió el género, el metroidvania vive una segunda edad dorada marcada por mundos interconectados, combates exigentes y una narrativa que se construye tanto a través del entorno como del silencio. En ese contexto nace MIO Memories in Orbit, el nuevo proyecto del estudio francés Douze Dixièmes, una obra que no esconde sus influencias, pero que aspira a encontrar su propia voz dentro de un universo de ciencia ficción melancólico y sugerente.
MIO nos propone despertar en un lugar en ruinas, un gigantesco ecosistema artificial conocido como el Vessel, y comenzar un viaje de exploración, reconstrucción y descubrimiento. Más que contar una historia de forma directa, el juego parece interesado en hacerte sentir pequeño, perdido, pero también curioso.
Historia – Memoria, caída y reconstrucción
En MIO Memories in Orbit encarnamos a MIO, una pequeña unidad robótica que despierta sola en el Vessel, una gigantesca estructura artificial dividida en biomas interconectados. Este mundo, antaño vivo y funcional, ha colapsado tras la caída de sus guardianes: las Perlas, inteligencias artificiales encargadas de mantener el equilibrio del sistema.
La misión de MIO consiste en explorar el Vessel, comprender qué provocó su decadencia y reactivar estas Perlas para devolver la energía y la memoria a un lugar que parece haberse quedado suspendido en el tiempo. En el camino, se cruza con otras entidades mecánicas marcadas por la pérdida, el olvido y la repetición de rutinas sin propósito, reforzando la idea de un mundo que sobrevive por inercia.
MIO Memories in Orbit arranca de forma minimalista y profundamente evocadora. No hay prisas ni sobre explicación: el juego comienza casi en silencio, añadiendo capas poco a poco, como si despertara contigo. La música va ganando presencia mientras líneas y formas geométricas danzan en pantalla, transmitiendo una intensa sensación de vacío, de no saber quién eres ni dónde estás.
Ese inicio monocromo funciona como un viaje sensorial hasta que la conciencia toma cuerpo. No hay un tutorial explícito: todo se siente orgánico, intuitivo, como si el juego confiara en tu sensibilidad más que en indicadores. Es un arranque magistral que define el tono de toda la aventura.
La historia de MIO gira en torno a la memoria, la vida y la reencarnación de las máquinas. Criaturas robóticas habitan el Vessel, algunas hostiles, otras vulnerables, y muchas de ellas aceptan el nácar como ofrenda. Ese gesto, entregar lo que has recolectado, refuerza la idea de un mundo que recuerda, que solo puede seguir adelante si alguien está dispuesto a devolverle lo que ha perdido.
Jugabilidad – Fluir, caer y volver a intentarlo
La jugabilidad de MIO es uno de esos casos en los que moverse ya es un placer. Saltar, desplazarse y encadenar acciones resulta fluido y natural, invitando a explorar sin fricción. El sistema de plataformas no busca castigarte constantemente, sino animarte a seguir avanzando, incluso cuando fallas.
Si mueres, pierdes el nácar recolectado, pero no existe la presión típica de los soulslike de tener que recuperarlo. Esa decisión suaviza la frustración y mantiene el ritmo del juego. Además, al derrotar hordas de enemigos puedes desbloquear cofres que ofrecen mejoras, reforzando una progresión constante y satisfactoria.
El uso del nácar es clave no solo como recurso, sino como símbolo. A través de los cristalizadores, este se condensa en cristales, y ofrecerlo a ciertas criaturas mecánicas tiene consecuencias narrativas y jugables. Como por ejemplo Shii, una entidad a la que puedes entregar nácar para ver el mundo a través de sus ojos y desbloquear progresivamente el mapa. Cuando Shii acumula suficiente nácar, la red eléctrica del Vessel se repara, dando acceso completo al mapa y reforzando la sensación de sanar un mundo roto pieza a pieza.
El diseño de accesibilidad es especialmente destacable: desde un enfoque casi pacifista, donde los enemigos no atacan si no los provocas, hasta jefes que se vuelven más asequibles tras cada derrota o suelos que generan una capa protectora si permaneces quieta el tiempo suficiente. Son opciones que no trivializan la experiencia, sino que la abren a más tipos de jugador. Los jugadores más puristas podrán disfrutar la experiencia tal y como la concibió el equipo creador, mientras que quienes solo quieran vivir un viaje emocional y más relajado también encontrarán en MIO una propuesta plenamente disfrutable.
Apartado artístico y sonoro – Belleza imperfecta que emociona
Visualmente, estamos ante una pequeña joya que entiende el arte como algo vivo. Su estilo gráfico apuesta por un lineart finísimo, casi de cómic, deliberadamente imperfecto, que aporta personalidad y calidez. El color, aplicado en capas que recuerdan al gouache, muta y respira a medida que avanzamos por el Vessel, demostrando que no hacen falta millones de polígonos ni texturas hiperrealistas para emocionar.
El diseño de menús merece una mención especial. Minimalistas, elegantes y perfectamente integrados en la experiencia, transmiten una sensación muy similar a la de NieR: Automata: sobrios, funcionales y con una identidad clara que refuerza el tono melancólico y reflexivo del conjunto. No rompen la inmersión, sino que la prolongan.
Las animaciones son otro de los grandes aciertos. MIO se mueve con una fluidez exquisita: cada salto, desplazamiento y acción encaja con naturalidad dentro del entorno. Los escenarios no se sienten estáticos; hay una sensación constante de movimiento, de un mundo que sigue funcionando —o intentando hacerlo— pese a su decadencia. Esa fluidez visual refuerza la conexión entre jugabilidad y apartado artístico, haciendo que explorar resulte tan placentero como contemplativo.
Todo en MIO parece diseñado para acompañar al jugador sin imponerse, creando una experiencia coherente donde arte, animación e interacción avanzan al mismo ritmo. Es en ese equilibrio donde el juego brilla con más fuerza.
En cuanto al apartado sonoro, aquí la música no acompaña: te sostiene. Desde el inicio, el sonido envuelve la experiencia y actúa como un guía emocional. Las melodías abrazan al jugador mientras las formas y el entorno se despliegan, reforzando esa sensación de soledad, descubrimiento y calma inquietante.
La evolución musical va en paralelo al viaje de MIO, ganando intensidad cuando es necesario y retirándose cuando el silencio habla por sí solo.
Rendimiento
En el apartado técnico, MIO Memories in Orbit demuestra un nivel de pulido notable. Es un juego que se siente fluido, estable y cuidado, sin bugs destacables ni problemas técnicos que rompan la inmersión. Todo responde como debe, algo especialmente importante en una experiencia donde el movimiento, el salto preciso y la lectura del entorno son constantes.
El título ocupa unos escasos 3,51 GB, un tamaño sorprendentemente contenido para la riqueza visual y sonora que ofrece. En nuestro caso, lo hemos probado en PC en dos equipos diferentes, con resultados muy satisfactorios:
- Laptop i7, 16 GB de RAM y Nvidia GTX 1070: configuración gráfica sin concesiones.
- Steam Deck: verificado por Valve y sin necesidad de tocar opciones, el juego se mueve de forma muy estable entre 55 y 60 FPS, ofreciendo una experiencia completamente disfrutable en portátil.
Esta optimización no es solo un dato técnico: refuerza la sensación de fluidez constante que atraviesa todo el juego. Todo se mueve de forma armónica, sin fricciones, acompañando esa idea de viaje continuo que define a MIO desde su primer minuto.
Conclusión – Cuando todo encaja
MIO Memories in Orbit está disponible desde el 20 de enero de 2026 en PC, Nintendo Switch, Nintendo Switch 2, Xbox Series y PlayStation 5, y se presenta como una propuesta sólida y bien adaptada a todos los sistemas en los que aterriza.
Y es aquí donde la experiencia termina de encajar. MIO no pretende reinventar el metroidvania ni competir en espectacularidad con los grandes nombres del género. Su fuerza está en la coherencia: una obra donde historia, jugabilidad, apartado artístico, sonido y rendimiento avanzan al mismo ritmo y al servicio de una misma emoción.
Habla de memoria, de pérdida y de reconstrucción, pero también de cuidado. De avanzar sin prisas, de observar, de devolverle la vida a un mundo roto pieza a pieza. Es un juego que confía en el jugador, que no necesita imponerse ni explicarlo todo, y que encuentra su identidad en los silencios, en el movimiento y en la belleza imperfecta.
Sus influencias son evidentes, pero no pesan como una carga. Al contrario, sirven de base para construir una experiencia sensible, honesta y muy bien ejecutada. No es imprescindible por revolucionario, sino por cómo te hace sentir mientras lo recorres. Y eso, en un género tan transitado, es una decisión muy clara.
MIIO Memories in Orbit
Una experiencia metroidvania sensible y cuidada, que destaca por su atmósfera, fluidez y coherencia, y que encuentra su mayor fuerza en cómo te hace sentir mientras la recorres.
Lo mejor
- Atmósfera emocional muy potente
- Jugabilidad fluida y satisfactoria
- Identidad artística y técnica sobresaliente
Lo peor
- Estructura y mecánicas reconocibles
- Narrativa más sugerida que desarrollada
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Historia
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Jugabilidad
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Apartado artístico
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Apartado sonoro
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Rendimiento
