Uno de los nombres más sonados en el anime japonés de los últimos años, Mamoru Hosoda, director y guionista de títulos como Summer Wars o La chica que saltaba a través del tiempo, llega con una nueva película, Scarlet, que hemos podido ver con antelación gracias Sony Pictures y de la cuál os traemos su crítica.
Scarlet es una de esas piezas que parece haber sido diseñada bajo un microscopio estético. Si bien el anime ha bebido históricamente de los clásicos, esta producción intenta algo más arriesgado: no sólo adaptar a Shakespeare, sino deconstruirlo a través de una lente onírica y visceral. En Chicas Gamers hacemos una crítica a la película Scarlet para ver los pros y contras de esta nueva obra de Mamoru Hosoda.
Sinopsis de la película Scarlet
La historia se ambienta inicialmente en la Dinamarca del siglo XVI. La protagonista es Scarlet, una joven princesa guerrera que adora a su padre, el bondadoso rey de Dinamarca. Sin embargo, su vida se desmorona cuando su ambicioso tío Claudio, asesina al rey para usurpar el trono y casarse con la reina Gertrudis.
Consumida por el odio, Scarlet jura venganza, pero durante su intento de asesinar a Claudio, algo sale mal: ella resulta mortalmente herida y despierta en el «Otro mundo» (The Otherworld), un lugar surrealista situado entre la vida y la muerte.
En este extraño purgatorio, Scarlet no está sola. Allí conoce a Hijiri, un joven enfermero del Japón actual que ha llegado a ese mundo tras un accidente. Mientras Scarlet solo piensa en encontrar la forma de regresar para completar su sangrienta venganza, Hijiri intenta mostrarle que existe un futuro más allá de la amargura y el ciclo de odio.
La película se convierte entonces en una aventura visualmente impactante donde Scarlet debe decidir si seguir siendo una prisionera de su pasado o romper las cadenas de la tragedia para salvar su propia alma.
Scarlet es una película que toca la temática belicista, medieval y fantástica. A través de ellas, la protagonista tiene su viaje de la heroína.
Reinterpretación de Hamlet (William Shakespeare)
En la obra original, Hamlet es un príncipe paralizado por la melancolía y el pensamiento excesivo. Hosoda convierte al protagonista en Scarlet, una mujer de acción. Mientras que Hamlet se pregunta «Ser o no ser«, Scarlet se pregunta «¿Cómo puedo destruir a quien me destruyó?«. Su conflicto no es la duda, sino la furia ciega. Esto le permite a Hosoda explorar la female rage de una forma que rara vez se ve en el anime comercial.
El famoso monólogo existencialista de William Shakespeare se reinterpreta visualmente a través del Otro mundo, en el plano onírico espiritual. En lugar de un discurso interno, Scarlet debe atravesar físicamente un paisaje que refleja su estado mental. Hijiri actúa como el espejo de su conciencia, cumpliendo el rol que a veces tenían Horacio o el espectro del padre, pero con una perspectiva moderna y compasiva que cuestiona la validez de la venganza.
Uno de los cambios más celebrados es el tratamiento de los personajes secundarios. Ofelia es en la obra original una figura trágica y pasiva. En Scarlet, Hosoda introduce un personaje diferente, aumentando la soledad y las ganas de venganza de Scarlet. El tío Claudio no es sólo un rey corrupto; aquí representa el estancamiento de las tradiciones antiguas y el patriarcado opresivo, contrastando con el deseo de libertad de la protagonista.
Hosoda utiliza la estructura de Hamlet para crear un contraste dialéctico: Dinamarca representa el pasado, el ciclo infinito del «ojo por ojo», la guerra y la tragedia clásica. Japón es el presente, la curación, la medicina y la posibilidad de seguir adelante a pesar del trauma.
Técnicas de animación e influencias creativas
Hosoda utiliza la técnica para diferenciar las dos realidades de la película, creando una ruptura visual narrativa. Se utiliza animación 2D tradicional con fondos pintados a mano que evocan el realismo sucio y detallado. La paleta de colores es terrosa, fría y opresiva (grises, marrones y azules oscuros), reflejando la rigidez de la tragedia de Shakespeare.
En el «Otro Mundo» entra el CGI de última generación (3D Cel-shaded). Al igual que en Belle, este mundo no sigue las leyes de la física. Se emplea una técnica de renderizado no fotorrealista que hace que los personajes parezcan ilustraciones en movimiento, pero con una fluidez imposible para el dibujo a mano. Los colores son vibrantes y «eléctricos», contrastando con la sobriedad del mundo medieval.
Hosoda no solo bebe de Shakespeare; su Scarlet es un mosaico de referencias culturales: Johannes Vermeer y Rembrandt. La iluminación en las escenas de la corte danesa imita el claroscuro barroco, utilizando la luz natural de las ventanas para resaltar la soledad de Scarlet.
Hay influencias de El Bosco y el surrealismo para el diseño del Otro mundo. El equipo admitió influencias de El jardín de las delicias, creando paisajes que son hermosos pero inquietantes y simbólicos.
También vemos influencias de Akira Kurosawa, específicamente la película Ran (que es una adaptación de El Rey Lear). Hosoda toma esa épica visual y la traslada al lenguaje del anime, especialmente en las secuencias de batalla.
Aunque la historia ocurre en Dinamarca, la composición de ciertos planos de acción tiene la dinámica de los grabados japoneses antiguos, un sello personal del director.
Hosoda volvió a colaborar con artistas de Disney y diseñadores europeos para darle al personaje de Scarlet un aspecto que no fuera puramente «moe» o anime convencional. El objetivo era que tuviera una presencia imponente y andrógina, reflejando su dualidad como princesa y guerrera.
El rojo escarlata de su capa y armadura no es casual; evoluciona a lo largo del film. Comienza como el rojo de la sangre y la venganza, y termina transformándose en un tono más cálido, simbolizando la vida y el renacimiento.
Guion, estructura y montaje
El guion, coescrito por Hosoda, destaca por su capacidad de modernizar sin traicionar. El guion plantea una pregunta filosófica: ¿Estamos condenados a repetir los errores de nuestros antepasados? Scarlet lucha contra el guion de tragedia que la historia (y Shakespeare) parece haber escrito para ella.
El mayor acierto es el contraste entre el lenguaje poético y arcaico de la corte danesa y el habla pragmática y empática de Hijiri. Esto crea un choque cultural que sirve como alivio cómico y motor de reflexión.
Algunos críticos señalan que la transición hacia el tercer acto se siente algo apresurada, especialmente en la resolución del conflicto político en Dinamarca, que queda en segundo plano frente al viaje espiritual.
Hosoda utiliza una estructura de doble hélice que conecta dos mundos. Desde el principio tenemos el objetivo de Scarlet claro, y el recurso del Otro Mundo por el que ella navega para obtener su viaje de la heroína dura casi toda la película. Hasta que en su desenlace debe decidir si sigue con la venganza o aprende a vivir con los fantasmas del pasado.
El montaje es, quizás, el aspecto técnico más alabado de la película. Se aleja del ritmo frenético del anime de acción moderno para buscar algo más contemplativo y rítmico. Se utilizan muchos match-cuts (cortes por afinidad) para unir los dos mundos. Por ejemplo, el brillo de la espada de Scarlet en el siglo XVI se convierte en la luz de un monitor de hospital en el Japón actual.
El montaje utiliza cortes rápidos y agresivos durante los ataques de pánico o furia de Scarlet, contrastando con planos largos y estáticos cuando ella está con Hijiri en el Otro mundo.
A diferencia de Belle, que era una explosión sonora constante, Scarlet sabe cuándo callar. El montaje deja respirar las escenas de luto, permitiendo que la animación facial comunique más que los diálogos. Y hace buen uso del sonido en los momentos de tensión y batalla, y sabe usar el silencio en los momentos de introspección.
¿Merece la pena ver la película Scarlet en cines?
No es un anime de acción comercial; es un ensayo visual sobre la identidad. Si buscas una narrativa lineal y explosiva, puede frustrarte, pero si buscas profundidad temática y una estética impecable, es una joya moderna. Una obra fácil de ver para todos los públicos, pero algo más exigente para quien quiera verla en su profundidad.
La dirección de arte y la capacidad de transformar un texto de hace 400 años en algo que se siente relevante en temas que aún perduran, como la madurez o la búsqueda de la identidad. Aunque la estancia en el Otro Mundo flaquea tras la mitad de la película, quieres seguir viéndola para ver qué decisión toma Scarlet.
Si te has quedado con ganas de verla, apunta porque Scarlet se estrena el próximo 27 de febrero en cines.Scarlet
Una reinterpretación shakesperiana con tintes de arte japonés tradicional y estéticamente potente
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