Se veía venir tras los resultados de Assassin’s Creed Shadows, pero no por ello duele menos. Si has seguido la trayectoria de Ubisoft últimamente, sabrás que la casa de nuestros Assassin’s Creed y Far Cry no está precisamente en su mejor momento. Tras años encadenando más sombras que luces, la gigante francesa ha decidido, básicamente, demoler parte del edificio para ver si así los cimientos aguantan. Lo llaman «reinicio estratégico», pero seamos sinceros: suena más a un plan de supervivencia.
La noticia ha caído como una bomba: seis juegos cancelados de un plumazo y otros siete retrasados. Y lo peor no es eso. Lo que realmente hiela la sangre es lo siguiente: el cierre de estudios como Ubisoft Halifax y Estocolmo, sumado a una sangría de despidos masivos que se oficializará este próximo 12 de febrero. Para los mandamases son «ajustes de costes»; para nosotros, una tragedia que marca el punto más bajo de la compañía en décadas…
El adiós a Prince of Persia y el fin de los experimentos
Lo que más nos ha dolido a muchos es el hachazo al remake de Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo (tengo el juego original de PlayStation 2 en su versión platinum). Llevábamos más de cinco años esperando, e incluso ya había pasado por agencias de calificación, lo que indicaba que estaba a puntito de caramelo. Pues nada, cancelado. ¿El motivo oficial? No llegaba a los nuevos estándares de calidad. Junto a él, mueren cinco proyectos más: un juego para móviles (lógico tras cerrar Halifax) y tres nuevas IPs que ni siquiera llegamos a conocer.
Ubisoft ha decidido que ya no puede permitirse el lujo de fallar. Tras el tibio recibimiento de Star Wars: Outlaws, el miedo a lanzar algo mediocre es superior a las ganas de innovar. Por eso, han decidido que el próximo año fiscal sea de pura transición. Quieren «mimar» cada lanzamiento para que no salgan con los problemas habituales que tienen sus juegos, aunque eso signifique que nuestro calendario de entregas de la compañía se quede más vacío —algo que yo, sinceramente hablando, lo veo genial si es para mejorar sus productos—.
La cruda realidad de un juego AAA
Hablemos de dinero, porque aquí es donde se entiende el pánico. La empresa prevé unas pérdidas de entre 400 y 500 millones de euros en flujo de caja para el año fiscal 2026. Según explican, el mercado de los juegos «AAA» es ahora una selva donde los costes de desarrollo son astronómicos y crear una marca nueva es casi una misión suicida.
Eso sí, nos venden la moto de que, cuando un juego triunfa, los beneficios son mayores que nunca. Es la mentalidad de «todo al rojo»: menos juegos, pero más grandes y (esperemos) mejores. Pero claro, esto tiene una cara B muy oscura. Mientras presumen de haber recortado gastos fijos antes de tiempo, anuncian que quieren ahorrar otros 200 millones de euros en los próximos dos años. ¿Cómo? Pues con más despidos y obligando a toda la plantilla a volver a la oficina los cinco días de la semana, eliminando cualquier rastro de flexibilidad laboral.
¿Qué cambios van a realizar por dentro?
Lo que me escama de todo este «reinicio total» que prometen es que, cuando rascas un poco la superficie, parece que será todo igual. Ubisoft dice que se va a centrar en aventuras de mundo abierto y juegos como servicio (oh, sorpresa). Espera, ¿no es eso lo que llevan haciendo una década? La diferencia ahora es que quieren meterle «tecnología de vanguardia» e Inteligencia Artificial generativa para agilizar procesos…
Es irónico y un poco triste mirar atrás. Mientras Ubisoft se empeñaba en proyectos fallidos como XDefiant (ese juego como servicio clon de Call of Duty gratuito que no duró ni 6 meses, aunque la idea era buena) o cancelaba el remake de Splinter Cell por priorizar los mundos abiertos, el talento se les escapaba por las costuras. Solo hay que ver el éxito de juegos como Dispatch o Clair Obscur: Expedition 33, dirigidos por ex-empleados de la propia Ubisoft que se cansaron de la burocracia corporativa.
¿Qué pasa con Assassin’s Creed?
Si hay una saga que va a sentir el latigazo de este «reinicio», es Assassin’s Creed. Ubisoft ha dejado claro que su futuro depende de dos pilares: los mundos abiertos y los juegos como servicio. Y no hay nada que encaje mejor en ese molde que los asesinos. Pero ojo, que la estrategia ha cambiado radicalmente.
Tras el accidentado camino de Assassin’s Creed Shadows (que finalmente asomó la cabeza en marzo de 2025 tras varios retrasos), la compañía ha decidido que ya no vale con «cumplir el expediente». El informe sugiere que el remake de Black Flag (ese Resynced que todos sabemos que existe pero nadie confirma) es uno de esos siete juegos que han recibido tiempo extra de desarrollo. No quieren otro lanzamiento con bugs o polémicas de última hora; prefieren que llegue en 2027, pero que llegue impecable.
Pero lo más revelador es el enfoque en Assassin’s Creed Infinity. Este hub o plataforma, como quieras llamarlo, que servirá como plataforma para conectar diferentes experiencias, es el ejemplo perfecto de ese modelo «GaaS-nativo» (juego como servicio) del que tanto presumen. Proyectos como Hexe —esa entrega ambientada en la caza de brujas en Alemania— o el multijugador Invictus, tienen toda la presión encima. Con la cancelación de seis juegos de otras sagas, Ubisoft ha puesto todos sus esfuerzos en la cesta de Assassin’s Creed.
La lectura es clara: para que la empresa sobreviva a este bache de 500 millones de euros, la saga de los asesinos tiene que ser perfecta. Ya no hay margen para experimentos raros o proyectos secundarios. Si Assassin’s Creed no brilla, a Ubisoft se le acaba el tiempo de forma definitiva.
El futuro de Far Cry
Si Assassin’s Creed es el escudo de Ubisoft, Far Cry es su espada, pero una que parece estar pasando por la forja una vez más. Con el «reinicio» de la compañía, los rumores y filtraciones sobre la séptima entrega han pasado de ser meras teorías a dibujar un panorama bastante radical. Olvídate de la fórmula clásica que llevamos repitiendo desde 2012; parece que Ubisoft ha escuchado (¡por fin!) que estamos un poco cansados de capturar campamentos «sin ton ni son».
Lo que sabemos de Far Cry 7 (conocido internamente como Project Blackbird) es que el equipo ha decidido cambiar de motor gráfico, saltando del veterano Dunia Engine al Snowdrop (el de The Division y Star Wars Outlaws). Este cambio técnico es una de las razones de su retraso hasta finales de año —o más—, pero también la promesa de un salto visual que la saga pedía a gritos.
¿Y de qué va? Los rumores apuntan a una trama en la que una secta conspiranoica secuestra a tu familia en Nueva Inglaterra. Pero aquí viene el giro loco: el juego tendría una mecánica de tiempo real, algo estilo Majora’s Mask, donde tendrías 72 horas para rescatar a todos antes de que sea demasiado tarde. Un enfoque mucho más tenso y menos «paseo por el campo» que las entregas anteriores.
Ubisoft, no tienes más oportunidades
La lectura es clara: para que la empresa sobreviva a este bache, la saga de los asesinos tiene que ser perfecta. Ya no hay margen para experimentos o proyectos secundarios. Si Assassin’s Creed ni Far Cry no brillan, a Ubisoft se le acaba el tiempo de forma definitiva. Veremos si esta «pausa para ganar calidad» es real o si solo es una forma elegante de decir que están desbordados.
