Esto tenía que pasar. Xbox no está bien, y los últimos resultados financieros lo confirmaron. Si el 2024 y 2025 fueron años de adquisiciones mastodónticas como la de Activision Blizzard y reestructuraciones que nos dejaron un poco locos, el 20 de febrero de 2026 quedará marcado para siempre. Phil Spencer, el hombre que personificó el renacimiento de la marca, y Sarah Bond, la estratega que rompió techos de cristal y lideró la integración de nuevos ecosistemas, han anunciado su salida simultánea de Microsoft Gaming.
Aquí hay mucho trasfondo; mucho que explicar; mucho que escribir. Ponte cómodo o cómoda, porque vamos a desgranar, punto a punto, lo que significa esto para el futuro de la marca Xbox.
No estamos ante un simple cambio de nombres, amigos. Es el verdadero inicio de una nueva Xbox que, a partir de hoy, abraza su destino como una entidad multiplataforma y, permitidme la expresión, «agnóstica al hardware».
Phil Spencer: De la salvación de la marca a la jubilación en un momento crítico
Phil Spencer no ha sido un directivo al uso; para muchos, ha sido «uno de los nuestros», un gamer más. Tras 38 años en Microsoft, su decisión de retirarse parece responder a una mezcla de misión cumplida y agotamiento tras una década de incendios constantes. Spencer tomó el mando cuando Xbox One estaba herida de muerte en 2013 y logró lo impensable: devolverle el orgullo a la comunidad. Sin embargo, su salida también está marcada por las cicatrices de una expansión que ha tenido un coste humano y financiero altísimo.
¿Por qué irse ahora? La realidad es que Phil ha completado el «trabajo sucio» de las adquisiciones de ZeniMax y Activision Blizzard, pero el precio a pagar ha sido demoledor. Bajo su última etapa, vivimos la cara más amarga de la industria: miles de despidos que sacudieron los cimientos de la división y el cierre fulminante de estudios queridos como Tango Gameworks o Arkane Austin. Estas decisiones, aunque justificadas por la directiva como «necesidades de reestructuración», mancharon la imagen de un Phil que siempre predicó la cercanía con el creador.

Además, el modelo de negocio ha llegado a un punto de tensión crítico. La apuesta por meter Call of Duty: Black Ops 6 día uno en Game Pass fue algo muy aplaudido, pero los números sangran: se estima que Microsoft dejó de ingresar más de 300 millones de dólares en ventas directas solo con este movimiento. Ese agujero en las cuentas, sumado a la presión de los accionistas por rentabilizar los casi 70.000 millones que costó Activision, ha transformado el estilo de Phil —más cercano al desarrollo— en uno de pura supervivencia financiera.
Se marcha en la cresta de la ola, sí, pero dejando tras de sí una estructura que ha tenido que sacrificar talento y estudios icónicos para sostener el sueño de Game Pass, del que se duda cada vez más de su rentabilidad.
Sarah Bond también abandona el barco de Xbox
Si la jubilación de Phil se siente como un proceso natural, la renuncia de Sarah Bond es el verdadero «golpe de efecto» que nadie vio venir. Esta chica ha sido la arquitecta de la Xbox moderna: la cara que defendió la marca ante los reguladores mundiales y la mente tras el crecimiento de Game Pass en móviles y PC.

Su salida sugiere una ruptura estratégica. Al nombrar a Asha Sharma (una experta en plataformas masivas de consumo y IA) como nueva CEO, Microsoft envía el mensaje de que busca un perfil menos ligado al «gaming tradicional» y más enfocado en la escala global. Es muy probable que Sarah, tras ser la gran favorita para heredar el trono de Phil, haya decidido que su visión para la marca ya no coincidía con el nuevo rumbo de Redmond, o simplemente que su labor de «puente» entre la vieja y la nueva Xbox ya ha concluido.
La estrategia multiplataforma como nuevo estándar
El punto más candente de esta noticia, y el que más debate genera, es la consolidación definitiva de la estrategia multiplataforma. Durante años, el valor de una consola se medía por sus exclusivos. Pero los tiempos han cambiado —al menos para Microsoft—. Los costes de desarrollo de un triple A (como los futuros Gears o Forza) ya no lo amortizan solo con una base de usuarios cerrada.
Bajo la dirección que ahora hereda la nueva cúpula, Xbox ha dejado de ver a PlayStation o Nintendo únicamente como rivales para verlos como socios de distribución. Los experimentos de 2024 con Sea of Thieves o Hi-Fi Rush fueron solo la punta del iceberg. El objetivo ahora es hacerlo con todos y cada unos de sus títulos: llevar la mayor cantidad posible de juegos del catálogo de Xbox a todas las plataformas donde haya un jugador dispuesto a pagar.

Call of Duty ha sido el catalizador de este cambio. Al tener que mantener la franquicia en plataformas rivales por acuerdos legales, Microsoft ha descubierto que los ingresos por software y microtransacciones en sistemas ajenos son demasiado jugosos como para ignorarlos. La nueva Xbox no quiere que te compres su consola por obligación; quiere que juegues a sus juegos, pagues sus suscripciones y uses sus servicios, ya sea en una PS5, una Switch 2, un PC o «todo lo que sea una Xbox».
Game Pass es el centro de la nueva Xbox… ¿Pero es rentable?
Xbox Game Pass es el corazón de esta estrategia, pero también su mayor desafío. El servicio ha cambiado la forma en que consumimos juegos, pero el modelo de «crecimiento a toda costa» está mutando hacia un modelo de «rentabilidad sostenible».
Para mantener la calidad de un servicio que incluye los lanzamientos de Activision Blizzard desde el primer día, Microsoft necesita una base de suscriptores masiva (y su consiguiente aumento de precio que ha ido teniendo). De ahí la urgencia de salir de las fronteras de la propia consola. La nueva CEO, Asha Sharma, tendrá la tarea de llevar Game Pass a terrenos donde Phil no llegó, posiblemente integrando el servicio de formas más agresivas en ecosistemas móviles y aprovechando la nube (XCloud Gaming) para romper la barrera del hardware de una vez por todas.
Asha Sharma y Matt Booty son los nombres que escucharás a partir de hoy
El nombramiento de Asha Sharma es toda una declaración de intenciones. Sharma no viene de estudios de desarrollo, sino de Meta e Instacart, y hasta hoy lideraba la división de CoreAI en Microsoft. Su perfil es el de una experta en escalar plataformas digitales y optimizar la experiencia del usuario mediante algoritmos e inteligencia artificial.

Esto nos da una pista clara: la Xbox del futuro será más inteligente, más personalizada y estará más integrada en Windows. Sharma no está aquí para decidir si un juego necesita más «luz dinámica», sino para asegurar que ese juego llegue a mil millones de personas sin fricciones.
Para compensar este perfil técnico, Matt Booty asciende a Director de Contenido. Él es el veterano que conoce los entresijos de los estudios. Será el encargado de gestionar el talento creativo de los casi 40 estudios (desde Obsidian hasta King). Su reto es duro: mantener la identidad creativa de marcas tan diversas mientras se adaptan a un modelo de negocio que prioriza el servicio y la presencia en múltiples plataformas.
¿Pérdida de identidad o evolución necesaria?
No podemos ignorar que este movimiento ha provocado una división entre los fans. Para el seguidor más fiel, la marcha de Phil Spencer y el giro multiplataforma se sienten como una traición al concepto original de Xbox. El hardware, aunque seguirá existiendo, ya no es el centro de atención de Microsoft.
Sin embargo, desde un punto de vista empresarial, es un movimiento de supervivencia y liderazgo. En un mundo donde los juegos como servicio dominan el mercado —por mucho que lo odie—, estar encerrado en una sola cajita es una sentencia de muerte a largo plazo si no estás tan consolidada como PlayStation. La «nueva Xbox» aspira a ser como Disney: un gigante del contenido que posee las IP más valiosas del mundo y las distribuye por todos los canales posibles.
Nos despedimos de Phil Spencer con agradecimiento. Él nos dio la retrocompatibilidad, el Game Pass y un respeto por el jugador que no siempre se ve en estas esferas. Se va el «tío Phil», el directivo que vestía camisetas de juegos indie en las conferencias, y llega una etapa de madurez corporativa.
Xbox inicia hoy su viaje hacia lo desconocido. Con un liderazgo centrado en la IA y las plataformas (Asha Sharma) y un guardián de la creatividad (Matt Booty), Microsoft busca dominar no solo la sala de estar, sino cada pantalla del planeta. El mando ha cambiado de manos, las reglas del juego son otras y, aunque el sentimiento de nostalgia es inevitable, el futuro de Xbox parece más grande que nunca, aunque lleno de incertidumbre.
La pregunta ahora no es cuántas consolas venderá Microsoft, sino cuánta gente en el mundo estará jugando a un juego de Xbox hoy. Y la respuesta, gracias a esta nueva estrategia, la tendremos muy pronto.

