A veces, la industria del videojuego parece empeñada en pegarse un tiro en el pie, amigas y amigos. Hoy no es un día cualquiera para los que amamos PlayStation. Es un día gris, de esos que dejan un sabor amargo en la boca. Sony ha confirmado el cierre de Bluepoint Games, el estudio tejano que no solo hacía remakes, sino que esculpía mitos modernos.
La noticia ha caído como un jarro de agua helada. El estudio que nos regaló el sobresaliente Demon’s Souls en el lanzamiento de PS5 echa el cierre tras 20 años de historia. Y lo hace por la puerta de atrás, víctima de esa fiebre del oro moderna que a mí, Daniel López, me tiene bastante harto: los juegos como servicio (GaaS).
Bluepoint nos enseñó a volver a amar lo viejo…
Para entender la magnitud de esta tragedia, hay que mirar atrás y entender qué hacía a Bluepoint diferente. No eran un estudio de apoyo cualquiera; eran arqueólogos digitales. Su trayectoria es un currículum de excelencia que pocos pueden igualar, empezando desde sus humildes pero impecables trabajos de remasterización.
Desde aquella mítica God of War Collection en PS3, donde demostraron que se podía honrar el pasado sin desvirtuarlo, hasta alcanzar un nuevo nivel con el remake de Shadow of the Colossus. En aquel entonces, en 2018, vimos de qué era capaz este estudio: ¿Cómo era posible que un juego nacido en las limitaciones de PS2 luciera como el título más puntero de la generación? Bluepoint no se limitaba a cambiar texturas; reconstruían el motor, respetando cada frame de la animación original pero envolviéndolo en una capa de modernidad que parecía magia. Unos juegos dignos de estar en los altares de otros estudios que llaman remakes a cambiar la resolución y poco más.

Pero el cénit llegó con el cambio de generación. Cuando PS5 aterrizó en nuestras casas, muchos compramos la consola por una sola razón: volver a morir en Boletaria. El remake de Demon’s Souls fue la carta de presentación perfecta para la nueva generación. No solo fue un despliegue gráfico sin precedentes—ya le gustaría a los juegos de From Software tener esa calidad gráfica—; fue una lección de cómo entender la visión de otro autor y elevarla. La iluminación, el sonido de los escudos chocando y la atmósfera opresiva nos recordaron que Bluepoint jugaba en otra liga. Eran, sin duda, el «Seguro de Vida» de PlayStation (con permiso de Insomniac).
…hasta que nos llegó esta noticia en 2021
Aquí es donde entramos en el terreno de la crítica y donde la realidad supera a la ficción más amarga. Tras ser adquiridos oficialmente por PlayStation en 2021, el discurso cambió drásticamente. «Bluepoint ahora trabajará en contenido original», nos dijeron. Lo que no nos contaron es que ese contenido original estaba encadenado a la nueva obsesión de la directiva: el maldito modelo de Juego como Servicio (GaaS).
Según los reportes actuales, a Bluepoint se le encomendó una misión que no encajaba en su ADN: desarrollar una experiencia multijugador masiva y persistente dentro del universo de God of War. Sony, en su afán por replicar éxitos ajenos, obligó a un estudio especializado en el pulido extremo y la narrativa visual de un solo jugador a construir un pozo de microtransacciones y pases de batalla. La que liaste con PlayStation no tiene nombre, Jim Ryan. Eso se sigue pagando a día de hoy.

Es el error sistémico de la Sony actual. Forzar a un artesano a fabricar en serie siempre termina en desastre. El proyecto, tras consumir años de recursos y el talento de cientos de personas, ha sido cancelado internamente por no cumplir con las expectativas de monetización a largo plazo. Y como suele ocurrir en esta industria tan fría, cuando el «producto» falla por una mala dirección estratégica desde arriba, es el estudio el que paga el pato con el cierre definitivo.
Bluepoint se suma así a la lista de «juguetes rotos» de la ambición desmedida por los ingresos recurrentes. Han caído en la misma red que asfixió a London Studio y que ha puesto en jaque a otros pilares de la marca. Cerrar Bluepoint por el fracaso de un juego que ellos probablemente ni querían hacer es una de las decisiones más cortoplacistas y destructivas de la era moderna de PlayStation.
Entonces, ¿qué pasa con Bloodborne?
Si hay algo que duele especialmente en el corazón de la comunidad es el futuro de Bloodborne. Durante años, el nombre de Bluepoint Games ha estado ligado a los rumores de un remake. Tras el trabajo realizado con Demon’s Souls, ellos eran los elegidos, los únicos en los que confiábamos para tocar la obra maestra de Hidetaka Miyazaki sin estropearla.
Existía una esperanza colectiva: que tras su «juego original», Bluepoint regresara a FromSoftware para traernos la versión definitiva de Yharnam a 4K y 60 FPS. Con el cierre del estudio, esa esperanza no solo se aleja, sino que parece romperse definitivamente.
Ahora, con las cartas sobre la mesa, todas las piezas de este rompecabezas que tanto nos dolía encajan por fin, aunque la imagen resultante sea desoladora. Durante años, la comunidad se preguntaba con desesperación: «¿Por qué Sony no le da Bloodborne a Bluepoint si son los únicos capaces de hacerlo?». La respuesta, que hoy nos explota en la cara como una granada de fragmentación, es que los genios de Austin no estaban «libres» ni trabajando en el sueño de los fans, sino atrapados en los engranajes de ese God of War como servicio.

Sony prefirió sacrificar el remake más deseado de los últimos tiempos para intentar convertir a Kratos en una máquina de generar micropagos. Es una revelación que me da urticaria: hemos perdido años de talento técnico de primer nivel en un proyecto que ha nacido muerto, mientras el código de Bloodborne seguía cogiendo polvo en un cajón. Ver cómo han desperdiciado el tiempo de estos artesanos en una moda pasajera, en lugar de permitirles pulir la joya de la corona de FromSoftware, es la prueba definitiva de que las prioridades en los despachos de PlayStation perdieron el norte.
Si Sony planeaba un remake de Bloodborne para el futuro, ahora se encuentra en un callejón sin salida. ¿A quién se lo van a encargar? ¿A un estudio externo sin el historial de Bluepoint? Sony no solo ha cerrado un estudio; ha destruido el puente más sólido que tenían hacia uno de sus juegos más queridos.
Una estrategia que devora a sus propios hijos
Lo de Bluepoint no es un caso aislado, es la crónica de una muerte anunciada que venimos advirtiendo desde que en 2022 la cúpula de PlayStation liderada por Jim Ryan anunció su agresivo plan para lanzar más de una decena de juegos como servicio. En este 2026, echamos la vista atrás y el paisaje es desolador. El cierre de los tejanos se suma a una lista de bajas que ya empieza a ser demasiado larga: desde la cancelación del multijugador de The Last of Us que desangró a Naughty Dog durante años, hasta el cierre de London Studio o los recortes drásticos en Bungie tras no cumplir las expectativas con Marathon, y eso que éste último aún no ha salido.

La ironía es para, permitidme la expresión, reírte por no llorar. Sony compró Bungie por 3.600 millones de dólares para que enseñara a sus estudios internos a hacer juegos como servicio, y lo que ha conseguido es que estudios legendarios como Bluepoint pierdan su identidad intentando imitar una fórmula que no dominan. Se ha pasado de una filosofía basada en la calidad cinematográfica y el prestigio técnico, a una obsesión por las métricas de retención y los ingresos recurrentes.
El problema de este modelo es que no perdona el error. En el desarrollo tradicional, si un juego no es un éxito masivo pero es una obra maestra técnica (como lo fue el remake de Shadow of the Colossus), el prestigio de la marca se mantiene intacto. Sin embargo, en el mundo de los GaaS, si el «engagement» no sube como la espuma en el primer trimestre, el proyecto se considera un fracaso absoluto.
Bluepoint ha muerto intentando encajar una pieza cuadrada en un hueco redondo. Han sacrificado a los mejores optimizadores de código de la industria —tipos que hacían magia con la arquitectura de PS5— para que intentaran equilibrar las estadísticas de un hacha de guerra en una lobby online. Es un desperdicio de talento de proporciones épicas que deja una pregunta en el aire: ¿Cuántos estudios más deben caer antes de que PlayStation acepte que su comunidad no quiere «tiendas con patas», sino experiencias que nos marquen de por vida?
Una marca que olvida sus raíces
¿Qué nos queda ahora? Nos queda el consuelo de encender la consola y poner ese Demon’s Souls para recordar de lo que eran capaces. Nos queda el silencio en las redes sociales de unos desarrolladores que, hasta hace poco, creían que estaban construyendo el futuro de PlayStation. Y nos queda una profunda desconfianza hacia el rumbo que está tomando la marca.
Si estudios de la talla de Bluepoint no están a salvo, la pregunta es obligatoria: ¿Quién será el siguiente? ¿Veremos a otros estudios legendarios tropezar con la misma piedra antes de que los despachos se den cuenta de que la fuerza de PlayStation reside en las experiencias magníficas que sus estudios crean de un solo jugador?
Adiós, Bluepoint Games. Gracias por habernos hecho creer que el pasado podía ser incluso mejor de como lo recordábamos. Gracias por el mimo, por las texturas, por la iluminación y por esa pasión que se sentía en cada rincón de vuestros juegos. La industria hoy es un poco más pobre, un poco más gris y, sobre todo, mucho menos brillante.
Y a los directivos de Sony les dejo este mensaje desde Córdoba, España: espero que las métricas de retención de vuestro próximo multijugador genérico compensen el haber borrado del mapa a los mejores artesanos que teníais en nómina. Aunque, sinceramente, todos sabemos que no será así. Hoy, el sueño de volver a Yharnam ha muerto un poco más.

