Hay algo en Voidwrought que resulta irresistible desde el primer momento: una mezcla oscura, fascinante y profundamente cautivadora que no se explica fácilmente, pero sí se siente. No es solo su estética impactante ni su tono terrorífico, sino la forma en la que construye un mundo misterioso, creativo y lleno de matices, donde cada paso parece esconder algo valioso, algo que merece ser descubierto con calma… o con esa curiosidad casi obsesiva que solo despiertan los juegos realmente especiales.
Pero la pregunta es inevitable: ¿estamos ante un metroidvania memorable y con identidad propia, o ante otra propuesta que se apoya en fórmulas que ya conocemos? Si quieres descubrirlo y entender por qué Voidwrought puede convertirse en una experiencia tan intensa como inolvidable, acompáñanos: vamos a desgranarlo.
En un panorama donde el género metroidvania vive uno de sus momentos más prolíficos —y también más saturados—, destacar ya no es una cuestión de seguir la fórmula, sino de reinterpretarla con personalidad. En ese contexto llega Voidwrought, la ópera prima del estudio sueco Powersnake, publicada por Kwalee, una propuesta que desde el primer momento deja claro que su ambición no pasa por reinventar el género, sino por construir una identidad propia dentro de él.
No naciste para este mundo… pero ahora es tuyo despertar lo que duerme bajo él
Lejos de apostar por una narrativa directa o un enfoque accesible, Voidwrought se apoya en una atmósfera densa y sugerente, en un lenguaje casi ritual y en un mundo que parece existir más allá de lo que muestra en pantalla. Aquí no se trata solo de avanzar, combatir o desbloquear habilidades, sino de interpretar lo que ocurre, de conectar piezas y de dejarse arrastrar por un universo tan inquietante como fascinante.

A nivel jugable, el título recoge las bases clásicas del género —exploración interconectada, progresión por habilidades y combate exigente—, pero las envuelve en una experiencia que prioriza sensaciones: el peso de cada movimiento, la tensión de cada enfrentamiento y la constante sensación de que siempre hay algo más oculto esperando a ser descubierto.
Porque Voidwrought no busca deslumbrar con grandes giros ni mecánicas revolucionarias, sino atrapar desde lo sensorial, desde lo artístico y desde esa extraña mezcla entre lo ancestral y lo cósmico que define su universo.
Y es precisamente ahí, en esa identidad, donde empieza realmente su viaje.
Ecos del vacío y el susurro de una civilización olvidada
Voidwrought no cuenta su historia de forma directa. No hay grandes cinemáticas ni diálogos explicativos que te lleven de la mano. En su lugar, propone algo mucho más sugerente: un mundo que se expresa a través de sus ruinas, de sus criaturas y de las voces fragmentadas que aún resuenan en lo más profundo de la tierra.
Todo comienza con una profecía ligada a la estrella roja, un fenómeno que anuncia el resurgir de una antigua civilización enterrada bajo los hielos del archipiélago de Gati. Lo que en su día fue un imperio próspero, alimentado por una misteriosa sustancia conocida como icor, terminó colapsando y desapareciendo bajo la superficie, dejando tras de sí un eco de decadencia, rituales olvidados y entidades que aún parecen seguir cumpliendo un propósito que ya nadie comprende del todo.
No se trata de entender este mundo… sino de sobrevivir a él mientras aprendes a moverte en su oscuridad
En ese contexto despertamos nosotros: no como un héroe, sino como una criatura nacida de la unión entre el icor divino y el vacío. Una creación, un experimento… o quizá algo más. Desde el primer momento, el juego nos despoja de una identidad humana y nos sitúa como pieza central de un engranaje mayor, vinculándonos a figuras como Namún, una entidad que actúa como guía y nexo entre nuestro ser y ese mundo que parece reconocernos incluso antes de que entendamos quiénes somos.

A través de sus palabras —y de las de otros personajes como el Custodio— se va construyendo una narrativa de tono ritual, casi religioso, donde conceptos como el despertar, el sacrificio o la purificación están constantemente presentes. No se trata solo de avanzar, sino de cumplir un propósito: despertar a otras entidades, descender a lo más profundo y participar en un ciclo que apunta hacia el renacimiento… o hacia algo mucho más inquietante.
Uno de los elementos más interesantes es cómo el juego integra sus sistemas dentro del propio lore. La sal, por ejemplo, no es solo un recurso, sino el vínculo que conecta a las entidades entre sí; el santuario no es únicamente un punto de descanso, sino un vestigio de una civilización caída que evoluciona con nosotros; y el propio acto de “despertar” deja de ser una simple acción jugable para convertirse en un concepto central dentro del universo.

Eso sí, esta forma de contar la historia no es para todo el mundo. Voidwrought exige atención, interpretación y cierta predisposición a dejarse llevar por lo simbólico. Quienes busquen una narrativa clara y emocional pueden sentirla distante o incluso confusa. Pero para aquellos que disfrutan reconstruyendo mundos a partir de fragmentos, el juego ofrece una experiencia profunda, misteriosa y con una identidad muy marcada.
Porque aquí no se trata tanto de entenderlo todo… como de sentir que formas parte de algo que ya estaba ocurriendo mucho antes de que despertaras.
Precisión, ritmo y un combate que fluye sin fisuras
Voidwrought destaca desde el primer momento por una jugabilidad fluida, precisa y muy satisfactoria. El control responde de forma inmediata, haciendo que cada salto, esquiva y ataque se sienta natural y bien medido.
El combate parte de una base sencilla, pero gana profundidad gracias a la combinación de habilidades y al diseño de los encuentros. Mecánicas como el rebote sobre enemigos, con claras reminiscencias a Shovel Knight, aportan dinamismo tanto en combate como en exploración, convirtiéndose en una herramienta clave.

A medida que avanzamos, se incorporan habilidades clásicas del género —doble salto, dash, ataques cargados— que, sin innovar, están ejecutadas con un gran nivel de pulido. La progresión se apoya en reliquias y almas, permitiendo pequeñas configuraciones que adaptan el estilo de juego sin complicarlo en exceso.
La exploración sigue la fórmula metroidvania: mapa interconectado, secretos constantes y backtracking bien integrado, generando esa sensación de descubrimiento continuo.
Donde el juego realmente brilla es en los combates contra jefes: exigentes, intensos y diseñados para que aprendas de cada intento. Aunque no reinventa el género, Voidwrought demuestra que una base sólida, bien ejecutada, puede ser igual de efectiva.
Entre lo ancestral y lo cósmico
Belleza inquietante y diseño con identidad propia
Uno de los mayores aciertos de Voidwrought es su apartado visual. El juego apuesta por un estilo de dibujo a mano limpio y muy fluido, con animaciones suaves que refuerzan constantemente la sensación de control y coherencia en pantalla.

Pero donde realmente destaca es en su identidad artística. Voidwrought construye un universo que oscila entre dos mundos muy definidos: por un lado, una estética que recuerda a civilizaciones antiguas, con templos, máscaras y estructuras que evocan culturas mesoamericanas; por otro, un plano mucho más abstracto y perturbador, donde predominan formas orgánicas, entidades imposibles y composiciones que rozan lo cósmico.
No es solo lo que ves… es la sensación de que ese mundo siempre ha estado ahí, esperándote
Esta dualidad no solo aporta variedad, sino que refuerza el propio discurso del juego: lo ancestral frente a lo desconocido, lo divino frente a lo incomprensible. Todo ello acompañado por una paleta dominada por rojos, púrpuras y tonos oscuros, que construyen una atmósfera constante de tensión y misterio.
El resultado es un mundo visualmente cautivador, donde cada escenario y cada criatura parecen tener un propósito dentro de ese imaginario oscuro y ritual.
Una sinfonía oscura que envuelve la experiencia
El apartado sonoro acompaña con mucha inteligencia a la propuesta visual. La banda sonora combina elementos ominosos y melancólicos, con momentos más intensos que elevan la tensión en combate.
Hay juegos que se escuchan… y otros que te envuelven. Voidwrought pertenece a los segundos
Destacan especialmente ciertos acompañamientos de guitarra que recuerdan a propuestas como Diablo, aportando ese matiz oscuro y casi hipnótico que encaja perfectamente con el tono del juego.

Además, el diseño de sonido cumple un papel clave: impactos, movimientos y efectos ambientales se integran con precisión, reforzando cada acción y contribuyendo a una experiencia más inmersiva.
En conjunto, Voidwrought consigue algo muy difícil: que lo visual y lo sonoro no solo acompañen… sino que construyan juntos una identidad reconocible desde el primer momento.
Un metroidvania con alma propia entre la oscuridad
Voidwrought es un claro ejemplo de cómo un juego puede destacar sin necesidad de reinventar las reglas. No busca ser revolucionario, ni lo necesita. Su propuesta se apoya en una base sólida, bien ejecutada y, sobre todo, con una identidad muy marcada.
A nivel jugable, ofrece una experiencia fluida, precisa y satisfactoria, que encaja perfectamente dentro de los estándares del género. Puede que no sorprenda a quienes buscan nuevas fórmulas, pero sí convence a quienes valoran un diseño cuidado y bien afinado. Donde realmente brilla es en sus combates contra jefes y en esa sensación constante de progreso y descubrimiento.

Sin embargo, es en su apartado artístico y en su atmósfera donde Voidwrought encuentra su verdadero poder. La mezcla entre lo ancestral y lo cósmico, junto a un diseño visual impecable y un apartado sonoro envolvente, construyen un universo que no solo se observa, sino que se percibe.
Su narrativa, por otro lado, no será para todo el mundo. Lejos de ofrecer una historia directa o emocionalmente guiada, apuesta por un enfoque críptico y simbólico, que exige implicación por parte del jugador. Para algunos puede resultar distante; para otros, es precisamente ahí donde reside su encanto.
En conjunto, estamos ante un título que entiende perfectamente lo que quiere ser. No pretende destacar por innovación, sino por coherencia, atmósfera y sensaciones. Y lo consigue.
Puedes disfrutar de Voidwrought en PC (Steam) y en unas preciosas ediciones físicas editadas por Selecta Play para PS5 y Nintendo Switch, disponibles desde el 20 de marzo de 2026.Porque Voidwrought no es un juego que busque explicarse… es un juego que te invita a entrar, a explorar… y a dejarte llevar.
Voidwrought
Un metroidvania sólido, con una identidad visual y sonora notable, que destaca por su atmósfera y su ejecución, aunque sin grandes innovaciones dentro del género. Ideal para quienes buscan una experiencia inmersiva, desafiante y con personalidad propia.
Lo mejor
- Dirección artística notable
- Jugabilidad fluida y precisa
- Atmósfera envolvente
Lo peor
- Poca innovación dentro del género
- Narrativa poco accesible para algunos jugadores
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Historía
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Jugabilidad
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Apartado artístico
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Apartado sonoro

