Wicker es la adaptación cinematográfica de un relato de la escritora británica Ursula Wills-Jones titulado El marido de mimbre (The Wicked Husband), y no tiene ninguna relación con el clásico homónimo de terror de 1973. Con este relato de género fantástico como base, los directores Alex Huston Fischer y Eleanor Wilson convierten una fábula trágica en una comedia romántica satírica.
Tras ser presentada en la edición de este año del Festival de Sundance, fue elegida como la película de clausura para la presente edición del Festival de Sitges, hace apenas unos días. Wicker llegará a los cines el próximo 30 de octubre de la mano de Vertice360, a quienes agradecemos la invitación para poder traeros esta crítica.
Una ambientación de cuento
La fotografía de Lol Crawley, responsable de trabajos como The Brutalist o The OA, se inspira en los maestros de la pintura flamenca del siglo XVII. Busca la luz natural que entra a través de las ventanas durante el día propia de la pintura de Johannes Vermeer y la iluminación de las velas para las escenas nocturnas con el claroscuro que es seña de identidad de Rembrandt.
Mientras que la aldea y su atmósfera de fantasía recuerdan a la vida rural y el costumbrismo representados por el pintor Pieter Brueghel el Viejo.
La paleta de colores destaca por la calidez del mimbre del protagonista y la vegetación del entorno dando una sensación de cuento ilustrado. Esta idea se intensifica porque la película está dividida por capítulos, cada uno con su título, y con una puesta en escena con personajes sin nombre (entre ellos están la Pescadera, la Lavandera, el Carnicero, el Sastre o el Médico, etc.) como ocurre en los cuentos tradicionales y que dan pistas sobre su estatus social.
Wicker es una historia sobre el amor y el deseo, pero también sobre la envidia y la hipocresía de una sociedad que se guía por la tradición del matrimonio y el patriarcado. Hasta que el inconformismo de la protagonista siembra el caos en toda la región.
La representación de un pueblo costero conservador de aspecto rural y europeo alude a la sociedad establecida, mientras que la protagonista vive a las afueras siendo el blanco de las críticas por su aspecto, edad y soltería como alguien que vive al margen de la sociedad.
Una fantasía romántica
Como fiel seguidora de la fantasía, el romantasy y el romance paranormal, me he topado con todo tipo de romances: vampiros, hombres lobo, cambiaformas, demonios, ángeles o fantasmas, pero nunca con un hombre hecho de mimbre creado con el objetivo de ser un marido.
Durante el visionado de la película es imposible no pensar en La bella y la bestia, a su manera, o en Frankenstein y el moderno Prometeo (una novela que no pasa de moda teniendo en cuenta que hace unos meses se estrenaron Frankenstein y ¡La novia!)
La historia de amor sobre la que gira la película muestra el matrimonio entre una mujer de la que se burlan sus vecinos por no seguir las tradiciones y un extraño hombre hecho de mimbre. Las risas se convierten en envidia porque este marido es considerado con su esposa y todas las mujeres suspiran de deseo y anhelo, mientras que los maridos se sienten excluidos y despojados de su hombría.
Una pareja atípica
Olivia Coleman está maravillosa como la Pescadera, una mujer solterona y solitaria que escapa a los cánones de belleza, pero a la que las convenciones sociales del pueblo no le importan. Ella está impecable siempre, ya sea interpretando a una reina en La favorita o a una policía en Broadchurch, pero no se me ocurre una actriz que pueda hacer tan suyo este papel.
Alexander Skarsgård, por su parte, está irreconocible como el hombre de mimbre, una creación diseñada para ser un marido con el objetivo de silenciar a los vecinos que se ríen de la Pescadera, en un impulsivo desafío que ella les lanza. Su caracterización es todo un reto porque debe parecer que el mimbre está tejido a mano, pero a la vez resultar orgánico y no impedir la gestualidad del actor.
La importancia de los secundarios
Peter Dinklage encarna al Cestero, un artesano que dota de vida al marido que encarga la Pescadera, como un personaje teatral que parece hablar directamente al espectador. Se trata de un personaje crucial en el desarrollo de la trama hasta el final.
Elizabeth Debikcki ofrece otra interpretación poderosa que llena la escena como una de las vecinas de la Pescadera, una mujer imponente e intimidante. Representa la tradición y es la cabeza visible de las mujeres del pueblo, lo opuesto a la Pescadera en apariencia y comportamiento.
Curiosamente los cuatro actores destacaron en papeles televisivos (Broadchurch, Big Little Lies, Game of Thrones y The Crown).
Conclusión de Wicker
Wicker es una película original y curiosa dentro de la fantasía y la comedia romántica, con una iconografía propia muy definida, y con unas actuaciones que marcan la diferencia. Una historia sobre el amor, el deseo, la envidia, lo que la sociedad espera del individuo en forma de divertida sátira social con toques de comedia negra.
Wicker
Si buscas una comedia romántica diferente, ambientada dentro de un mundo fantástico, dale una oportunidad. Los actores no te van a decepcionar, la fotografía es magnética y la sátira social es muy divertida.




