Hoy en Chicas Gamers analizamos Splatoon Raiders, la nueva y vibrante aventura de Nintendo que transforma la conocida fórmula de la saga en una experiencia centrada en la exploración, el botín y la creación de nuestro propio estilo de combate.
¿Será esta la aventura individual que los seguidores de Splatoon llevaban años esperando? Acompáñanos mientras descubrimos todos los secretos de las Islas Espiralita.
Cuando Nintendo anunció Splatoon Raiders, era inevitable mirarlo con cierto escepticismo. ¿Hasta dónde podía estirarse una fórmula que durante una década había girado casi por completo alrededor del multijugador?
Para quienes lleguéis nuevos a la saga, basta con saber una cosa: Splatoon es el shooter competitivo 4 contra 4 de Nintendo, nacido en la época de Wii U, cuya gran particularidad consiste en que no gana el equipo que más rivales elimina, sino el que consigue cubrir con su tinta la mayor parte del escenario. Aunque siempre ha contado con campañas para un jugador, el auténtico corazón de la franquicia ha sido su vertiente online, especialmente modos como Salmon Run, donde cuatro jugadores cooperan para sobrevivir a oleadas de Salmonidos.

Con ese contexto, los primeros tráilers de Splatoon Raiders dejaban entrever exploración, combates contra salmónidos, cooperativo e incluso un sistema de progresión mucho más elaborado de lo habitual. Pero también hacían pensar que estábamos ante una especie de Salmon Run ampliado o un experimento inspirado en «La cara del orden» (Ampliación de contenido descargable de Splatoon 3). La realidad, por suerte, es bastante más interesante.
Después de tres entregas refinando su fórmula competitiva y utilizando los modos para un jugador como laboratorio de ideas, Nintendo da aquí un paso que la saga parecía llevar años preparando. En lugar de construir otra campaña alrededor del multijugador, Splatoon Raiders reúne todo lo aprendido con Splatoon 1, 2 y 3 para convertirlo en una aventura con identidad propia, donde la exploración, la creación de builds y la progresión del personaje pasan a ocupar el centro de la experiencia.
Y lo más curioso de todo es que, incluso haciendo tantas cosas nuevas, basta con disparar el primer chorro de tinta y sumergirse en él para sentir que seguimos estando en casa.
Un naufragio con mucho ritmo — Historia
Nuestra aventura arranca con el accidente del helicóptero de Angie, Megan y Ryan en las Islas Espiralita, unas islas antaño sumergidas que, de repente, han emergido del mar. Un mes después tomamos el papel del mecánico del grupo y, aunque nuestro objetivo inicial es tan sencillo como reparar la base y encontrar la forma de regresar a casa, pronto queda claro que el viaje terminará siendo mucho más importante que el propio destino.

Me gusta especialmente que Nintendo no caiga en la tentación de convertir esta aventura en una carrera contrarreloj para salvar el mundo. Splatoon Raiders entiende perfectamente cuál es su papel. La historia existe para dar sentido a la exploración, justificar las mejoras de la base, y mantener viva la curiosidad del jugador sin interrumpir constantemente el ritmo de la aventura.
El reparto también ayuda mucho a que ese equilibrio funcione. Ryan aporta el punto más práctico del grupo, mientras que Angie y Megan mantienen ese tono desenfadado tan característico de la saga. Sus conversaciones, los pequeños momentos de humor y la forma en la que todos interactúan dentro de la base consiguen que el refugio vaya sintiéndose cada vez más como un hogar al que siempre apetece volver después de una expedición.
Quizá quien espere una historia llena de grandes giros o un capítulo que revolucione el lore de Splatoon salga con unas expectativas distintas a las que realmente propone Raiders. Pero creo que Nintendo ha tomado la decisión correcta. En lugar de competir constantemente por captar tu atención, la narrativa acompaña al jugador, marca el ritmo de la progresión y deja que sea la exploración la que ocupe el verdadero protagonismo.

Y es precisamente aquí donde creo que Splatoon Raiders entiende mejor que nunca la identidad narrativa de la saga. Siempre he pensado que Splatoon funciona en dos niveles. El primero es el que cualquiera percibe al coger el mando: un mundo de colores extravagantes, canciones pegadizas, personajes carismáticos y un diseño artístico que parece el resultado de una noche loca en la que alguien decidió mezclar grafitis, moda urbana y demasiadas bebidas energéticas. Y funciona increíblemente bien. Cualquier niño puede ponerse a jugar y, en cuestión de minutos, estar pasándoselo en grande.
Splatoon nunca ha necesitado gritar su historia. Siempre ha preferido que seas tú quien decida descubrirla
Luego está la segunda capa, la que aparece cuando empiezas a leer documentos, a observar los escenarios y a preguntarte por qué ese mundo es como es. De repente descubres que bajo toda esa tinta se esconde uno de los universos más melancólicos que ha construido Nintendo en los últimos años.

Siempre he dicho que Octo Expansion, la expansión de Splatoon 2, es el «Dark Souls» de la saga. No tanto por su dificultad (que la tiene), sino por su forma de contar las cosas. Gran parte de su narrativa no está en las cinemáticas, sino en los pequeños detalles que vas encontrando por el camino y en las conclusiones que tú mismo sacas al unir todas las piezas. Splatoon Raiders vuelve a apostar por esa filosofía.
La saga nunca ha necesitado poner continuamente ese trasfondo delante del jugador. Prefiere sugerirlo a través de documentos, escenarios, detalles ambientales o conversaciones aparentemente inofensivas. Es una narrativa que recompensa la curiosidad y deja que cada jugador decida hasta qué punto quiere profundizar en ella.

Quizá esa sea la mayor virtud de Splatoon Raiders. Mientras nos mantiene entretenidos explorando las Islas Espiralita, mejorando la base y experimentando con nuevas combinaciones de armas, artilugios y reliquias, nunca deja de recordarnos que Splatoon siempre ha contado dos historias al mismo tiempo: la que cualquiera puede disfrutar con una sonrisa desde el sofá y la que espera pacientemente a quienes deciden mirar un poco más allá de la tinta.
Tinta, botín y una partida más — Jugabilidad
Me gusta mucho valorar la jugabilidad de un juego por lo que yo llamo el «una más». Esa sensación que convierte una partida de cinco minutos en dos horas casi sin darte cuenta. Para mí, ahí es donde se separa un buen diseño de juego de uno excelente.
El primer ejemplo que siempre me viene a la cabeza es Cuphead. En Cuphead mueres… muchísimo. Pero donde realmente demuestra su brillantez es que, antes incluso de que te dé tiempo a procesar la derrota, ya has pulsado el botón para volver a intentarlo. Y no porque sea fácil, sino porque elimina cualquier fricción entre un intento y el siguiente.

Splatoon Raiders no busca ese «una más» a través de la dificultad, sino de la curiosidad. Aquí la frase pasa a ser «una expedición más». Sales con la idea de conseguir un recurso concreto y, cuando quieres darte cuenta, llevas una hora más jugando porque por el camino has encontrado una reliquia mejor, has desbloqueado una mejora para la base, has decidido probar otro tanque o simplemente te has desviado para descubrir qué escondía aquel rincón del mapa.
Esa capacidad para alimentar constantemente la curiosidad nace de cómo Nintendo ha sabido entrelazar todos los sistemas de progresión. Nada parece existir de forma aislada. Explorar sirve para mejorar tu equipamiento; mejorar tu equipamiento te permite afrontar desafíos más difíciles; y esos desafíos, a su vez, te recompensan con nuevas herramientas para seguir experimentando. Es un bucle jugable extraordinariamente bien construido.
El combate de Splatoon encuentra una nueva forma
Si nunca has jugado a un Splatoon, hay una idea que debes entender porque sobre ella gira absolutamente toda la experiencia: aquí la tinta no sirve únicamente para disparar. Cada arma va cubriendo el escenario con nuestro color y, en cualquier momento, podemos transformarnos en un calamar para nadar por esa tinta. Mientras lo hacemos nos movemos mucho más rápido, recargamos automáticamente el depósito de tinta y podemos utilizar ese desplazamiento para sorprender a los enemigos o alcanzar lugares que de otra forma serían mucho más peligrosos. Es una mecánica sorprendentemente sencilla de entender, pero con una profundidad enorme una vez empiezas a dominarla.

Lo mejor es que Splatoon Raiders no intenta reinventar ese sistema. Entiende que el combate de la saga ya era excelente y decide construir sobre él. La gran diferencia es que ahora deja de estar pensado para enfrentamientos competitivos de cuatro contra cuatro y pasa a convertirse en la herramienta con la que exploramos las Islas Espiralita. Pintar el escenario ya no sirve únicamente para ganar una partida; también nos permite movernos con mayor libertad, descubrir caminos ocultos, alcanzar zonas elevadas o afrontar encuentros con enemigos desde posiciones mucho más ventajosas.
Todo ello sigue apoyándose en un arsenal con una personalidad enorme. No se trata simplemente de elegir el arma que hace más daño, sino la que mejor encaja con nuestra forma de jugar. Después de varias entregas, Nintendo vuelve a demostrar que cambiar de arma en Splatoon significa, en realidad, aprender una manera completamente diferente de entender el combate. Y lo mejor es que Splatoon Raiders pone todas las herramientas a nuestra disposición para experimentar, probar estilos distintos y descubrir cuál encaja mejor con nuestra forma de jugar.
Y si hay un consejo que os daría desde el primer minuto es que juguéis con giroscopio. Sí, requiere un pequeño periodo de adaptación si nunca lo habéis utilizado, pero una vez haces clic es difícil volver atrás. La precisión que ofrece termina convirtiéndose en una extensión natural del movimiento y ayuda a que todo el sistema de combate gane una fluidez difícil de encontrar en otros shooters con mando.
Crea tu propia build
Para mí, aquí está la auténtica joya de la corona de este título. Hasta ahora, buena parte de nuestra personalidad como jugador venía definida por el arma que elegíamos. Aquí esa decisión sigue siendo importante, pero deja de ser la única.
Raiders construye alrededor del combate un auténtico sistema de builds. A las armas se suman los artilugios, sus módulos de mejora, los poderes que obtenemos de las reliquias, nuestro acompañante y, sobre todo, los tres tipos de tanque, porque aquí no sirven únicamente para almacenar nuestra reserva de tinta. El Velotanque está centrado en la movilidad; el Potentanque apuesta por la fuerza bruta; y el Tactitanque se orienta al control del terreno y a una forma de jugar mucho más estratégica.

Lo interesante es que ninguno de estos sistemas parece diseñado para decirte cuál es la mejor combinación. Todo lo contrario. Nintendo quiere que experimentes. Que pruebes configuraciones distintas, descubras sinergias entre habilidades, cambies de tanque según la misión o guardes varias builds para ir alternándolas durante la aventura. Es un diseño que premia constantemente la curiosidad y convierte cada nueva reliquia o módulo en una oportunidad para replantearte cómo afrontar la siguiente expedición.
Y creo que esa es una de las decisiones más inteligentes de Splatoon Raiders. No intenta que todos los jugadores acabemos utilizando la misma configuración perfecta. Intenta que cada uno encuentre una forma de jugar que sienta realmente suya. Cuando un juego consigue que pases más tiempo pensando en la próxima combinación que en conseguir un arma con cinco puntos más de daño, sabes que su sistema de progresión está haciendo muy bien las cosas.
Misiones, incursiones y jefes
Toda esta progresión no tendría el mismo efecto si la estructura de las misiones no acompañara, y por suerte Nintendo también ha acertado de lleno en este aspecto. Splatoon Raiders organiza su aventura alrededor de las distintas Islas Espiralita, grandes escenarios abiertos donde explorar, reunir recursos, completar encargos y descubrir pequeños secretos antes de regresar a nuestra base para seguir mejorando nuestro equipo.

Lo interesante es que la exploración rara vez se siente como un simple paseo entre un objetivo y otro. Siempre hay un cofre a lo lejos, un recurso que merece la pena recoger, una mejora esperando a ser investigada o un rincón del mapa que despierta la curiosidad. Y cuando crees que ya has visto todo lo que una isla puede ofrecer, Raiders todavía guarda alguna sorpresa más. Nintendo introduce pequeños desafíos opcionales que rompen el ritmo de la exploración tradicional y recuperan ese espíritu de puzle que tan buen recuerdo dejó en Octo Expansion.
No quiero desvelar demasiado porque merece la pena descubrirlos por uno mismo, pero son de esos momentos que recompensan al jugador que decide desviarse del camino principal y seguir su propia intuición. Es precisamente esa acumulación constante de pequeños descubrimientos la que alimenta el «una expedición más» del que hablábamos al principio del análisis.

Cada isla culmina con una incursión mucho más intensa. Son secciones que dejan a un lado la exploración para centrarse en el combate, proponiendo enfrentamientos contra oleadas de enemigos y jefes finales que ponen a prueba todo lo aprendido durante la expedición. El cambio de ritmo funciona muy bien porque evita que la aventura caiga en la monotonía y consigue que cada visita a una nueva isla tenga un desenlace memorable.

Además, Nintendo introduce un incentivo muy inteligente para quienes disfrutan exprimiendo cada sistema del juego. Estas incursiones pueden completarse utilizando cualquiera de los tres tipos de tanque, obteniendo recompensas diferentes en función del que elijamos. Es un detalle sencillo, pero suficiente para animarnos a salir de nuestra zona de confort y seguir experimentando con nuevas builds incluso cuando creemos haber encontrado nuestra favorita.
Unidos por la tinta — Cooperativo y funciones online
Aunque el título puede disfrutarse perfectamente en solitario, Nintendo ha sabido integrar el cooperativo de una forma muy natural dentro de la aventura. No da la sensación de ser un modo independiente pegado al final del desarrollo, sino una posibilidad más para afrontar buena parte de su contenido.

Las incursiones son el mejor ejemplo de ello. Poder enfrentarse junto a otros jugadores a las oleadas de enemigos y a los jefes finales añade una nueva dimensión al combate, especialmente cuando cada miembro del equipo llega con una build diferente. Ver cómo un compañero prioriza la movilidad mientras otro apuesta por el control del terreno o la fuerza bruta hace que las sinergias aparezcan casi de forma orgánica y que cada partida resulte distinta.
Más allá del cooperativo, Raiders mantiene esa filosofía de comunidad que siempre ha acompañado a la saga. Compartir expediciones, comparar configuraciones o simplemente descubrir cómo afrontan otros jugadores los mismos desafíos contribuye a que la aventura se sienta viva incluso después de haber terminado la historia principal.
Quizá esa sea una de las mayores virtudes de este juego. Nunca obliga a jugar acompañado para disfrutar de su contenido, pero cuando decides hacerlo entiende perfectamente qué hace divertido compartir una aventura con otras personas: no multiplicar el caos en pantalla, sino multiplicar las posibilidades de jugar de formas diferentes.
Un paraíso cubierto de tinta — Apartado artístico y sonoro
Un mundo que habla sin palabras
Hay juegos cuya narrativa depende casi exclusivamente de sus diálogos y de las escenas cinematográficas. Aquí se toma deliberadamente el camino contrario. Gran parte de lo que tiene que contar está escrito en sus escenarios.

A simple vista, las Islas Espiralita parecen un auténtico paraíso. El mar, la vegetación, la explosión constante de color y el característico diseño urbano de la saga transmiten una energía casi despreocupada. Todo resulta alegre, extravagante e incluso un poco caótico. Pero basta con detenerse unos segundos para empezar a percibir otra historia completamente distinta.
Ruinas devoradas por la naturaleza, estructuras abandonadas, objetos que parecen pertenecer a otra época y pequeños detalles repartidos por el escenario construyen una sensación difícil de explicar, pero muy fácil de sentir: la de estar recorriendo un mundo que sigue adelante después de que alguien dejara de habitarlo.

Y creo que ahí reside una de las mayores virtudes de Splatoon como universo. Siempre se ha presentado como una franquicia desenfadada, casi infantil en apariencia, pero nunca ha tenido miedo de esconder una profunda melancolía bajo toda esa capa de color. Raiders vuelve a hacerlo. No necesita detener constantemente la aventura para explicar qué ocurrió. Prefiere que sea el propio jugador quien una las piezas mientras explora, haciendo que la curiosidad nazca de forma completamente natural.
Al final, esa es la magia de su dirección artística. No se limita a vestir el mundo; lo convierte en una herramienta narrativa más. Cada rincón invita a hacerse preguntas y, cuando un escenario consigue despertar esa curiosidad sin pronunciar una sola palabra, es porque el arte está haciendo mucho más que acompañar a la historia.
Un festival de color con identidad propia
Más allá de todo el simbolismo que esconden sus escenarios, Splatoon Raiders vuelve a demostrar que pocas sagas de Nintendo tienen una identidad visual tan reconocible como esta. Basta una captura de pantalla para saber inmediatamente de qué juego se trata. Su mezcla de colores vibrantes, arquitectura urbana, moda callejera y criaturas marinas antropomórficas sigue funcionando como una de las propuestas artísticas más originales de la industria.

Técnicamente tampoco hay demasiado que reprocharle. Los escenarios son amplios, la distancia de dibujado cumple con nota y, sobre todo, la cantidad de elementos que aparecen en pantalla durante los combates nunca compromete la legibilidad de la acción. En un juego donde resulta tan importante interpretar el terreno cubierto de tinta y reaccionar con rapidez, esa claridad visual es casi tan importante como la propia calidad gráfica.
Las animaciones vuelven a ser otro de sus grandes aciertos. Todo transmite una sensación de elasticidad y dinamismo muy característica de Splatoon. Desde la forma en la que los personajes se transforman para nadar entre la tinta hasta los pequeños gestos durante las conversaciones o las reacciones de los enemigos, existe un cuidado por el detalle que consigue que el mundo tenga una personalidad enorme.

Y qué decir de la música. Una vez más, Nintendo apuesta por esa mezcla tan particular de rock, punk, electrónica y voces prácticamente ininteligibles que ya se ha convertido en una seña de identidad de la franquicia. Lejos de resultar repetitiva, la banda sonora acompaña perfectamente el ritmo de la aventura, acelerando durante los combates, relajándose en los momentos de exploración y reforzando constantemente esa sensación de estar recorriendo un mundo tan extravagante como fascinante.
Porque si hay algo que Splatoon Raiders vuelve a hacer especialmente bien es demostrar que una dirección artística sólida envejece mucho mejor que cualquier alarde técnico. Puede que dentro de unos años existan juegos visualmente más espectaculares, pero muy pocos seguirán siendo tan reconocibles con solo echarles un vistazo.
La gran aventura individual que Splatoon necesitaba — Conclusión
Cuando Nintendo anunció Splatoon Raiders, muchos nos preguntamos si una saga tan ligada al multijugador sería capaz de sostener una aventura centrada en un solo jugador. Después de un puñado de horas que roza lo insano, la respuesta es un rotundo sí.
No intenta competir con el componente online que ha convertido a Splatoon en uno de los grandes nombres de Nintendo. Lo que hace es demostrar que ese universo siempre ha tenido mucho más que ofrecer. La exploración, el combate, la progresión mediante builds y la narrativa ambiental encuentran aquí el espacio necesario para desarrollarse con una profundidad que difícilmente habría sido posible dentro de una entrega tradicional de la saga.

Pero, por encima de todo, me quedo con una sensación muy concreta: Nintendo por fin ha entendido que el mundo de Splatoon merece ser recorrido sin prisas. Que hay rincones que explorar, historias que descubrir y escenarios capaces de transmitir emociones sin necesidad de llenar la pantalla de diálogos. Ese equilibrio entre la diversión inmediata de cubrirlo todo de tinta y la melancolía silenciosa que esconde su universo convierte a Raiders en una aventura con mucha más personalidad de la que esperaba.
¿Es perfecto? No. Hay decisiones de diseño que podrían haberse llevado un paso más allá y algunos sistemas tienen margen para seguir creciendo en futuras entregas. Pero cuesta no salir de los créditos pensando que Nintendo acaba de abrir una puerta muy interesante para el futuro de la franquicia.
Si este era el experimento para descubrir hasta dónde podía llegar Splatoon lejos de la competición online, solo puedo decir una cosa: ojalá no sea el último. Porque, después de jugar a Raiders, cuesta imaginar que este universo vuelva a limitarse únicamente a pintar el suelo para ganar una partida.
Splatoon Raiders está disponible en exclusiva para Nintendo Switch 2 desde el pasado 23 de julio de 2026.Splatoon Raiders
Splatoon Raiders es una aventura para un jugador divertida, profunda y con una dirección artística que vuelve a ser uno de sus mayores aciertos. Su inteligente sistema de progresión, la exploración y la narrativa ambiental convierten este spin-off en mucho más que un experimento: es, probablemente, la mejor puerta de entrada para descubrir todo lo que Splatoon puede ofrecer más allá del multijugador.
Lo mejor
- Narrativa ambiental
- Sistema de builds
- Dirección artística
Lo peor
- Su ritmo más pausado puede no convencer a quienes busquen el frenetismo del multijugador
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Historia
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Jugabilidad
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Apartado artístico
-
Apartado sonoro
-
Multijugador




