A estas alturas de la película, es innegable que los juegos de conducción en mundo abierto tiene un rey claro en los últimos tiempos. Sin embargo, en lugar de intimidar al resto de desarrolladoras, el éxito de los grandes referentes ha revitalizado un género que pedía a gritos aire fresco, dando pie a propuestas con personalidad propia. Es exactamente en este terreno donde irrumpen los italianos de Milestone —a quienes tenemos muy frescos tras sus trabajos en Hot Wheels Unleashed y MotoGP— para abandonar la exclusividad de los circuitos cerrados y soltar unos coches de juguete en un entorno libre.
Hot Wheels Infinite Rush no intenta disimular sus inspiraciones con la saga Forza Horizon, pero tampoco lo necesita. La premisa es tan sencilla como sugerente: coger la esencia de los míticos juguetitos y dejarnos derrapar por un mapa lleno de actividades, saltos y giros de vértigo.
Milestone cambia de carril
El gran acierto de este planteamiento inicial radica en cómo está estructurado su universo. En lugar de apostar por un único mapa gigantesco que pueda pecar de monótono, el título nos divide la experiencia en cuatro islas temáticas. Cada una de ellas cuenta con su propia ambientación y está repleta de guiños a los sets de juego reales que muchos tuvimos (o quisimos tener) en la infancia.
Nuestra travesía comienza en una ciudad de estilo americana donde los rascacielos conviven con las icónicas pistas naranjas de Hot Wheels, e incluso con amenazas como un enorme gorila dispuesto a entorpecer nuestro paso lanzando escombros. Para ir desbloqueando el acceso a las siguientes regiones, la campaña nos propone ir completando desafíos hasta vernos las caras con los Rush Masters, los jefes de zona que ejercen de final boss antes de permitirnos dar el salto al siguiente archipiélago.
Hot Wheels Infinite Rush es muy, muy arcade; y eso no es malo
El verdadero corazón de cualquier arcade de conducción reside en cómo se siente el coche al tomar la primera curva. En este sentido, Milestone ha tomado una decisión clara para Hot Wheels Infinite Rush: desmarcarse de las inercias más exigentes y pesadas que vimos en la saga Unleashed para ofrecer un control mucho más amigable, blando y directo. El juego busca desde el primer segundo ser lo más fácil y asequible posible, para que nadie se vea abrumado ni necesites echar unas horas en base a cómo ser más rápido.
Esta ligereza no es un defecto. Estamparse contra un muro o salirse de la trazada no se penaliza con una tragedia que arruine la carrera, sino con un espectáculo de caos controlado donde los elementos del escenario saltan por los aires, emulando la sensación que teníamos de niños al estrellar dos cochecitos sobre el mueble de la mesa.

Por tanto, Milestone deja las cosas claras desde un primer momento: no es un juego para todo el mundo. Aquí no se viene a competir, ni ser el más rápido: estamos aquí para pasarlo bien, destrozar todo a nuestro paso y hacer acrobacias imposibles con un manejo de los coches de lo más sencillo posible, para todas las edades.
Velocidades extremas… ¿Según dice el velocímetro?
El punto más agridulce y grave que nos hemos encontrado al ponernos al volante tiene que ver con la percepción de la velocidad. Es frustrante ver cómo el velocímetro nos indica cifras que superan los 300 km/h mientras pisamos a fondo el R2 y la X para el nitro, y que la imagen que nos devuelve la pantalla transmita una sensación totalmente distinta, más cercana a ir paseando tranquilamente a 80 km/h, por decir un número.
Esto es un error que resta muchísimo al producto final. Echamos en falta una mayor dilatación del campo de visión, un tratamiento del desenfoque de movimiento mucho más agresivo o efectos de cámara que realmente nos hagan sentir el peligro al rozar los muros de una casa.

Salir despedido por una rampa debería exigirnos el máximo; sin embargo, esa desconexión entre la cifra que marca el panel y la falta de realismo en la imagen le quita al juego una chispa muy importante. Sin esa inyección de velocidad, las carreras pierden parte del impacto emocional que exige un título de estas características.
Un buen garaje
Una de las mecánicas más ágiles del recorrido libre por las islas es la posibilidad de cambiar entre cuatro clases de vehículos, utilizando simplemente las flechas de la cruceta. Esto nos permite adaptar nuestro medio de transporte según el terreno por el que nos estemos desplazando en ese preciso instante: desde un tanque de juguete con ocho tubos de escape ideal para arrasar toda la urbe hasta un Audi R8.
El garaje disponible supera los 150 vehículos, combinando los diseños más míticos del catálogo original de Hot Wheels con licencias reales de marcas emblemáticas como Ferrari, Nissan o Chevrolet. Aunque la diferencia al volante entre un coche y otro no es muy notorio, sí se perciben matices en el peso y la aceleración. Además, la progresión no depende de la habilidad del jugador: podemos instalar hasta cuatro habilidades pasivas por vehículo para potenciar aspectos como la velocidad máxima o la regeneración del nitro, además de contar con un editor para personalizar los diseños o descargar las creaciones que haga la comunidad.
Pruebas en cada esquina
El mapa de cada isla funciona como un gran parque de atracciones. Mientras exploramos el escenario nos cruzaremos con varias pruebas:
- Carreras tradicionales: donde la velocidad pura y la gestión del turbo lo son todo.
- Retos de derrape: que premian la rapidez al cruzar puntos de control cruzando el coche en lugar de medir únicamente el tiempo quemando rueda.
- Misiones de destrucción y recolección: donde debemos romper cierto número de objetos o conseguir ruedas repartidas por la zona.
- Misiones de fotografía y desafíos Daredevil: pequeños retos donde capturar instantáneas concretas del entorno o medirnos en duelos directos contra pilotos hábiles que patrullan las calles.
A pesar de esta variedad, es justo señalar que estas actividades terminan pecando de repetitividad. En la práctica, encarar un evento de recoger ruedas o uno de puntuación por derrape exige hacer lo mismo por trazados casi idénticos, lo que resta algo de frescura al título. Asimismo, la ausencia de un selector de dificultad de inicio en la campaña provoca que las primeras horas resulten bastante muy fáciles para los jugadores acostumbrados al género, confiando casi todo el interés inicial en la dopamina que producen los desbloqueos y la exploración de sus recovecos.
Sofá, cuatro mandos y pique directo
Si hay un terreno donde Hot Wheels Infinite Rush saca pecho es en su rotunda apuesta por la vertiente social y multijugador. El gran triunfo de esta entrega es la inclusión de pantalla partida para hasta cuatro jugadores. Disfrutar de esta función es un lujo: el juego mantiene un rendimiento solvente sin despeinarse.
Por su parte, la vertiente en red cuenta con juego cruzado entre los usuarios de PlayStation 5, Xbox Series X/S y PC (quedando la versión de Nintendo Switch 2 al margen).
Un creador de pistas sin ataduras
El salvavidas para garantizar que el juego no caduque tras completar la campaña es el Creador de pistas. A diferencia de entregas previas restringidas a recintos cerrados, esta herramienta nos permite abrazar el entorno urbano y los diferentes biomas del mapa para construir auténticas locuras. Ahora tenemos la posibilidad de integrar las icónicas piezas naranjas directamente en el escenario.
El editor nos deja colocar aceleradores, zonas magnéticas, tramos resbaladizos e incluso posicionar oponentes controlados por la IA para testear los trazados a nuestro gusto antes de publicarlos. Además, cualquier creación se puede compartir en línea con el resto de la comunidad, convirtiendo a esta herramienta en un catálogo casi infinito —si los jugadores le dan el suficiente uso—.
Actualizaciones futuras para no apagar el motor
Para garantizar que el juego no se quede sin gasolina con el paso de los meses, Milestone y Mattel ya han presentado su plan de contenido post-lanzamiento para más de un año. Entre las adiciones destaca un Pase de vehículos que sumará 44 coches adicionales, rescatando líneas míticas como Acceleracers o Highway 35 junto a marcas reales.
Además, el título recibirá una gran expansión temática centrada en Ferrari que incorporará una quinta isla inspirada en la firma del ‘Caballo Rampante’ y ocho bólidos icónicos de la marca italiana, entre los que figuran el F40 Competizione y el Testarossa.
Un chasis de plástico un tanto desfasado
En el plano visual, Hot Wheels Infinite Rush se apoya en una dirección artística simpática y funcional, donde los verdaderos protagonistas son los propios coches. El acabado de las miniaturas, las distintas texturas del plástico, los reflejos en las carrocerías metálicas y las rugosidades de las gomas están bien conseguidos, manteniendo ese espíritu de juguete coleccionable. Sin embargo, en cuanto levantamos la vista de los vehículos y analizamos el rendimiento puro, la experiencia deja una clara sensación de desencanto.

El título renuncia por completo a ofrecer modos gráficos seleccionables (como los habituales ‘Rendimiento’ o ‘Calidad’), fijando como meta alcanzar los 120 FPS en PS5 Pro, que es donde hemos hecho las pruebas. La realidad durante la partida es que esa tasa de fotogramas resulta prácticamente inalcanzable. El rendimiento baila de forma constante en una horquilla entre los 90 y 100 FPS, fluctuando dependiendo de la cantidad de partículas o escombros presentes en pantalla.
Esta falta de solidez en la tasa de refresco resulta difícil de justificar si tenemos en cuenta la escala general del proyecto. No nos encontramos ante un mundo abierto abrumador por dimensiones, ni tampoco ante un entorno saturado de geometría compleja o efectos de iluminación de última generación como para que el hardware de PS5 Pro se resienta de esta manera.
La evolución técnica respecto a anteriores entregas de la franquicia es prácticamente inexistente. Todo lo que muestra el juego en pantalla podría ejecutarse perfectamente en una PS4 sin recortar elementos sustanciales, lo que evidencia una falta de optimización… Cumple lo justo para resultar vistoso a golpe de color, pero se queda en un apartado meramente «pasable».
Motores por todas partes y ritmo pegadizo
El apartado de audio en un arcade de velocidad tiene el firme objetivo de mantener las pulsaciones elevadas. Eso es sagrado. En este aspecto, Hot Wheels Infinite Rush ofrece buenas sensaciones.
Los efectos de sonido de los motores cumplen con su cometido. Teniendo en cuenta que conducimos réplicas de plástico y metal de dimensiones reducidas, el estruendo de los escapes y el silbido del nitro tienen ese matiz desenfadado y ligeramente caricaturesco que encaja con el tono del juego. Escuchar el rugido de un modelo con forma de dinosaurio o el tono metálico de un deportivo de carreras ayuda a dar cierta personalidad a cada vehículo.
Es en la selección musical donde el juego muestra sus mejores galas… y también sus costuras. La banda sonora está repleta de temas electrónicos y ritmos arcade con muchísimo gancho, de esos que se te meten en la cabeza a los pocos minutos de empezar a rodar por la calle. Le sientan de maravilla al ritmo frenético de las carreras y consiguen contagiar esa energía desenfadada tan necesaria en esta clase de títulos.
El problema es… Que se repiten rápido. Al tratarse de una experiencia enfocada a explorar islas libres y encadenar evento tras evento, el repertorio musical se queda corto muy pronto. Precisamente por lo buena y adictiva que resulta la música en las primeras partidas, da rabia comprobar cómo los mismos acordes vuelven a sonar en bucle una y otra vez. Una mayor variedad de pistas habría redondeado este apartado.
Una aventura de juguete con pocas vueltas para dar
Hot Wheels Infinite Rush llega con la lección bien aprendida en lo que respecta a capturar la esencia de los míticos coches de la marca. Milestone ha sabido trasladar ese espíritu desenfadado y rebelde a una estructura de islas abiertas que funciona como un parque de atracciones para todas las edades. La apuesta por la pantalla partida a cuatro jugadores, la libertad del creador de pistas y la cantidad de vehículos garantizan horas de entretenimiento directo sin complicaciones.
Sin embargo, el título no alcanza cotas más altas por culpa de desajustes importantes. La ausente sensación de velocidad al volante empaña parte de la adrenalina que exige el género; el control tan excesivamente arcade y simple no es a gusto de todos, mientras que el apartado gráfico y el rendimiento no sacan verdadero partido al hardware de la actual generación.
Es una propuesta simpática, ideal para partidas rápidas o para disfrutar en el sofá con amigos, pero que peca de prudente a la hora de exprimir el potencial que esconde. Milestone sabe crear juegos de carreras mejores, porque ya los ha hecho.
Hot Wheels Infinite Rush se lanza en PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch 2, ROG Xbox Ally, ROG Xbox Ally X y PC (Steam, Microsoft Store y Epic Games Store) el 10 de septiembre de 2026, con la opción de poder tener un acceso anticipado de 3 días si compras la Ultimate Edition.
Hot Wheels Infinite Rush
Hot Wheels Infinite Rush cumple al capturar la nostalgia de los coches de juguete en un entorno de mundo abierto que parece un gran parque de atracciones. Aunque la pantalla partida a cuatro jugadores y el creador de pistas salvan el conjunto, la nula sensación de velocidad, un control excesivamente simple y un apartado técnico desaprovechado empañan el resultado. Una propuesta simpática para partidas en compañía, pero lejos de los mejores trabajos de Milestone.
Lo mejor
- Los coches de juguete y la diversión directa sin complicaciones.
- Pantalla partida para cuatro jugadores locales y juego cruzado.
- Las amplias opciones del creador.
Lo peor
- Sensación de velocidad prácticamente nula.
- Manejo demasiado simplificado.
- Un apartado técnico y un rendimiento que no aprovechan el hardware actual.
- Banda sonora de calidad, pero tan escasa que resulta repetitiva.
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Jugabilidad
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Apartado artístico
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Apartado sonoro
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Multijugador




