En el género cyberpunk hay una máxima filosófica que lo inunda todo: ¿qué es lo que nos hace humanos cuando el cuerpo se ha convertido en una montón de metal, silicio y cables? La respuesta siempre suele girar en torno al alma, a ese fantasma atrapado en la máquina que se niega a desaparecer. Curiosamente, la propia trayectoria de Cyberpunk 2077 ha imitado al arte de la forma más poética y descarnada posible. En 2020, el juego de CD Projekt RED nació como un juguete roto; un cuerpo hipertrofiado de ambición pero con un sistema nervioso colapsado que parecía destinado al desguace. Sin embargo, el tiempo, que es el único juez implacable en este mundillo, nos ha traído hasta aquí.
Han pasado seis años desde que contábamos los minutos para poder abrir por primera vez el juego. Teníamos el hype por las nubes, cosa que CD Projekt creó en la comunidad a unos niveles extremos. Lo probamos en PS4 y en Xbox Series S… Y la experiencia fue horrible. En PlayStation 4 el juego iba a menos de 15fps y con una ciudad vacía, sin vida. En la pequeña blanca de Microsoft, había algún NPC más, y unos 30fps con bajones. Salió mal, muy mal.
Escribir este análisis hoy, asentados en la segunda mitad 2026, no es un ejercicio de nostalgia: es una necesidad absoluta de hacer justicia a la realidad actual. Hemos querido revisitar las calles de Night City utilizando como ventana el músculo de una PS5 Pro, una plataforma que nos permite contemplar la urbe con una estabilidad visual y una gestión de luces que, por fin, se equiparan a la descomunal visión artística original. Pero no nos equivoquemos: la máquina es solo el canalizador. Lo que tenemos entre manos hoy es, sin miedo a que nos tiemble el pulso al escribirlo, una obra maestra en su máximo esplendor. Sí. Y nos quedamos tan anchos. Veamos por qué.
Para entender el calado de este juego en la actualidad, debemos despojarnos de lo que fue. Eso es el pasado. Si entramos a Night City ahora, lo que encontramos es un ecosistema maduro, pulido con una obsesión enfermiza y prácticamente limpio de esos errores que en su día rompían la magia de la inmersión. Ya no hay —casi— costuras a la vista. El viaje de V es hoy una experiencia única donde todo funciona a la perfección.
Mirar a este título a día de hoy es comprender que estamos ante un triunfo de la paciencia y de la persistencia. No es solo que se vea de escándalo, es que la cohesión entre todos sus apartados roza la excelencia. Hablamos de un guion único, con una madurez que ya quisieran para sí muchas producciones cinematográficas de Hollywood; un apartado sonoro brillante, y un trabajo de doblaje que dota de una humanidad desgarradora a personajes que son puros polígonos. CD Projekt RED no se limitó a arreglar los desperfectos de la fachada; reconstruyó los cimientos de su distopía hasta convertirla en un lugar donde perderse es un auténtico placer sensitivo.
Los videojuegos, como las buenas historias de ciencia ficción, necesitan espacio para respirar y asentarse. La prisa es el peor enemigo del arte. Por eso, desgranar este ecosistema urbano seis años después nos da la perspectiva perfecta para firmar el mejor análisis que se pueda hacer. Bienvenidos a la versión definitiva de la megalópolis más peligrosa, adictiva y viva jamás creada.
Cromo en las venas… Y en el cerebro
La gran genialidad de la narrativa de Cyberpunk 2077 radica en que, en lugar de apostar por la típica epopeya de salvar al mundo a la que el género del rol nos tiene tan acostumbrados, nos pone contra las cuerdas con una verdad asfixiante: tienes que salvarte a ti mismo. Y el reloj ya está en marcha.
La historia de V no es la de un héroe elegido por los dioses, sino la de un mercenario de tres al cuarto que, en su intento por tocar el cielo de Night City durante un golpe fallido contra la mega corporación Arasaka, acaba con una bala en la cabeza y un biochip experimental devorándole la conciencia desde dentro.
Ese punto de partida transforma toda la campaña en una carrera desesperada contra la muerte donde la identidad del protagonista se desmorona a cada segundo que pasa.
Un parásito con cara de estrella de rock
Ese biochip alberga la personalidad digitalizada de Johnny Silverhand, el terrorista y estrella de rock del siglo XXI interpretado de forma brillante por Keanu Reeves. La presencia de Johnny no es un simple reclamo publicitario; es el auténtico motor de la aventura.
A día de hoy, habiendo digerido el guion en su totalidad y sin las interrupciones técnicas de antaño que empañaban el ritmo, nos percatamos de la soberbia evolución de su relación con V. Pasamos de un rechazo visceral y violentísimo a una simbiosis trágica y fraternal. Johnny es el espejo cínico que nos recuerda constantemente que, en un sistema súper capitalista, donde todo tiene un precio —hasta la misma vida, literalmente—, lo único que te queda es tu integridad. Y eso es, precisamente, lo que el biochip te está robando día a día.
El amor y la lealtad en la distopía
Donde el guion de CD Projekt RED saca pecho y demuestra estar en lo más alto es en sus arcos de personajes secundarios, cual One Piece. Nosotros no las llamaríamos «misiones secundarias», porque ese término se queda absurdamente corto; son verdaderas prolongaciones emocionales de la vida de V.
En un entorno tan frío y hostil como Night City, la narrativa nos brinda la oportunidad de fraguar relaciones íntimas, profundas y de una lealtad a prueba de balas. Estos vínculos no solo ofrecen algunas de las mejores líneas de diálogo del medio, sino que pueden derivar en relaciones amorosas inolvidables que cambian por completo el destino final de la historia:
- Judy Alvarez: La brillante especialista en danza neuronal de las Moxes. Su historia es un desgarrador retrato del dolor, la pérdida y la búsqueda de justicia en los bajos fondos. Formar un vínculo con ella y convertirla en nuestra pareja (disponible para una V de cuerpo y voz femeninos) regalándonos momentos de una sensibilidad que te desarma en medio de tanta podredumbre urbana.
- Panam Palmer: La indomable nómada de los Aldecaldos. Su arco argumental es pura adrenalina, carreteras abiertas y lealtad de sangre. Su relación sentimental (accesible para un V de cuerpo masculino) representa el anhelo de libertad pura y el calor de una familia elegida lejos del asfalto opresivo de la ciudad.
- River Ward: El honesto detective del NCPD que intenta mantener la integridad moral en una institución corrupta hasta la médula. Su trama, oscura y con tintes de thriller policiaco, permite construir una historia de amor serena y protectora (para una V de cuerpo femenino) que actúa como un oasis de calma entre tanto caos.
- Kerry Eurodyne: El excompañero de banda de Johnny Silverhand en Samurai. Atrapado en su propia crisis de identidad y comercialización corporativa, la línea de misiones de Kerry aporta un toque de locura, rock and roll y redención personal, abriendo la puerta a un romance maduro y vibrante (para un V de cuerpo y voz masculinos).
Estas relaciones no son un pasatiempo. Conseguir que estas personas se conviertan en tus aliados o en el amor de tu vida altera de forma drástica el clímax de la aventura, demostrando que en Night City las decisiones personales pesan muchísimo más que las propias armas.
Las garras de Arasaka
Por último, el retrato de las grandes corporaciones —con Arasaka a la cabeza— roza la perfección. No son villanos planos con planes de dominación mundial ridículos; son estructuras burocráticas e inmortales que han privatizado la propia alma humana.
La paradoja central del juego es tremenda: para intentar sobrevivir en Night City, muchas veces tienes que renunciar a lo que te hace humano, pero son precisamente esos chispazos de amor y conexión los que le dan sentido a la lucha.
Analizada hoy en su conjunto, la historia de Cyberpunk 2077 es un triunfo absoluto de la madurez narrativa: es oscura, cínica, no tiene miedo de dejarte un nudo en el estómago en sus múltiples finales y nos trata como a espectadores capaces de entender que en la distopía no existen los finales felices, solo los sacrificios que estamos dispuestos a asumir.
Dogtown y la ilusión de la libertad
Si el juego base era una oda a la ambición desmedida y a la decadencia de las grandes corporaciones, la expansión Phantom Liberty se postula como un puñetazo en la mesa que reescribe lo que entendemos por DLC. No estamos ante un simple paquete de misiones adicionales ni ante una excusa para arañar un puñado de horas extra al reloj. CD Projekt RED concibió esta adición como un auténtico thriller de espionaje político, tomando notas del cine de suspense clásico y envolviéndolo en el ambiente más sucio, claustrofóbico y peligroso de toda la península de California.
Entrando en la zona de combate: La decadencia claustrofóbica de Dogtown
El verdadero impacto de esta expansión empieza en el momento en que cruzamos las puertas de Dogtown. Este distrito, un proyecto urbanístico fallido que quedó aislado de Night City tras las guerras corporativas, funciona como una «micro-distopía»—por así llamarlo— gobernada con mano de hierro por la milicia Barghest y su líder, el exmilitar Kurt Hansen.
A nivel de diseño arquitectónico, Dogtown mola una barbaridad. Es más denso, más vertical y mucho más hostil que el resto del mapa. Nos encontramos paseando por estadios de fútbol reconvertidos en mercados negros de implantes ilegales, hoteles de lujo en ruinas ocupados por vagabundos y cazadores de recompensas, y calles donde la ley no existe. La iluminación ambiental y la carga de geometría en este distrito ponen a prueba la capacidad gráfica de cualquier sistema, demostrando cómo se debe construir una zona de combate real sin tiempos de carga—con permiso de Zelda— y con un nivel de detalle en cada rincón que roza la locura.
Solomon Reed y Songbird
La narrativa de este mastodóntico DLC arranca con una premisa digna de una película de acción: el avión de la presidenta de los Nuevos Estados Unidos de América (NUSA), Rosalind Myers, es derribado sobre Dogtown. Para salvarla, V se ve arrastrado a una red de mentiras, traiciones y pactos con el diablo donde nadie es quien dice ser.
- Songbird: Una netrunner prodigiosa capaz de vulnerar el Muro Negro, esa frontera digital que separa la red conocida de las inteligencias artificiales rogue descontroladas. Songbird es la chispa que desencadena todo, ofreciendo a V la única cosa por la que mataría: una cura real para la Relic. Su dilema moral y el sufrimiento que arrastra la convierten en uno de los personajes mejor escritos de toda la franquicia.
- Solomon Reed: Interpretado de forma impecable por Idris Elba, Reed es un agente durmiente de la FIA atrapado entre el deber patrio, la lealtad ciega y el remordimiento. La presencia escénica de Elba y la carga dramática que imprime a cada diálogo hacen que la tensión emocional no decaiga en ningún momento.
En Dogtown no hay decisiones buenas o malas, solo lealtades encontradas. La expansión nos obliga a posicionarnos en una escala de grises donde cada elección duele y donde salvar a alguien suele significar condenar a otro.
Desatando el verdadero monstruo cibernético
A nivel jugable, Phantom Liberty introdujo una rama de habilidades totalmente nueva alimentada por datos militares de Militech que encontramos esparcidos por el distrito. Este árbol de la Relic no ofrece mejoras pasivas menores; transforma radicalmente el comportamiento del ciberware de combate.
Primero, tenemos unos puntos débiles anatómicos que nos permiten analizar a los enemigos en tiempo real para detectar fallos en su armadura o en sus implantes, permitiendo asestar golpes críticos devastadores. También disponemos de un camuflaje óptico mejorado para desaparecer en mitad de un tiroteo encarnizado para reubicarte o ejecutar eliminaciones sigilosas instantáneas. Por último, adquirimos aumentos para las armas corporales que nos potencia mucho el uso de los Hilos Monomodo, las Cuchillas Mantis y los Brazos Gorila, convirtiendo el combate cuerpo a cuerpo en un espectáculo puramente visceral.
Un final desgarrador para la leyenda
Lo más relevante de esta expansión no es solo lo que ocurre dentro de los límites de Dogtown, sino cómo sus ramificaciones alteran el destino de V. Resolver la crisis geopolítica de la NUSA desbloquea un final completamente nuevo para la campaña principal del juego.
Sin entrar en destripes argumentales, este nuevo desenlace es una pura melancolía. CD Projekt RED no optó por la vía fácil del «final feliz de Hollywood», sino por una resolución poética, amarga y tremendamente humana que deja un poso de reflexión durante días tras ver rodar los créditos. Phantom Liberty no es solo un añadido magnífico; es algo que hacía falta en Cyberpunk 2077 y no lo sabíamos.
Gatillos, ciberware y pura adrenalina
Si en su estreno el combate se sentía algo rígido y lastrado por estadísticas numéricas aburridas, la jugabilidad actual de Cyberpunk 2077 es una maravilla. Estamos ante un sistema que tiró a la basura el concepto tradicional de «subir de nivel para hacer un 2% más de daño» y lo sustituyó por un abanico de posibilidades tácticas donde cada punto invertido cambia de forma directa cómo interactuamos con el mando.
El cuerpo como armamento
La reestructuración del sistema corporal es uno de los mayores aciertos del rediseño. La ropa ha vuelto a ser lo que siempre debió ser en este universo: una declaración de estilo. La armadura real ahora depende en su totalidad del ciberware que nos instalamos en el matasanos.
Esta decisión de diseño introduce una gestión de riesgo y recompensa formidable a través del límite de capacidad cibernética. Si forzamos el cuerpo de V instalando demasiados implantes militares de última generación, rozaremos los síntomas de la cyberpsicosis, ganando rachas de furia e invulnerabilidad temporal a cambio de poner en juego nuestra propia vida.
Árboles de habilidades llenos de dinamismo
Los cinco atributos principales (Fuerza, Reflejos, Temple, Inteligencia y Habilidad Técnica) despliegan habilidades activas que transforman a V en una máquina de matar. Hemos pasado de escondernos tras coberturas a encadenar impulsos aéreos, deflectar proyectiles enemigos con katanas en tiempo real y ejecutar remates brutales que desmembran a los rivales en un espectáculo de sangre y chispas.
Para entender la gran flexibilidad del sistema actual, podemos comparar las cuatro filosofías de combate principales que podemos construir:
| Arquetipo | Armamento principal | Mejor implante | Estilo de juego |
| Shinobi / Ninja | Katanas, cuchillos arrojadizos y cuchillas mantis | Sandevistan (Ralentización del tiempo) | Movilidad extrema, ejecuciones cuerpo a cuerpo y esquivas a alta velocidad. |
| Netrunner / Hacker | Hilos monomodo y armas inteligentes (Smart) | Cybercubierta (Cola de hackeos de RAM) | Infiltración, incendios neuronales remotos y manipulación del entorno. |
| Solo / Demolición | Escopetas pesadas, lanzafuegos y brazos gorila | Berserk (Invulnerabilidad y furia) | Irrupción frontal, embestidas destructivas y daño de área devastador. |
| Pistolero / Asesino | Revolveres de alta potencia y armas técnicas | Camuflaje Óptico (Invisibilidad) | Sigilo absoluto, disparos críticos a través de paredes y precisión quirúrgica. |
Variedad táctica en los combates
El comportamiento de las armas de fuego es excelente. El peso del disparo, el retroceso y el impacto de los proyectiles en la anatomía de los enemigos se sienten contundentes.
Por su parte, el netrunning (hackeo rápido) se ha convertido en un auténtico juego dentro del juego. Ya no se trata de lanzar un virus y esperar a que la barra de vida baje; ahora podemos crear «colas de hackeos» en el cerebro del enemigo. Por poner un ejemplo, podemos infectar a un rival con un virus que reinicia su cyberware, seguido de una sobrecarga eléctrica que multiplica su daño y culminar infectándolo con un hackeo de suplicio que lo obliga a soltar una granada a los pies de sus aliados.
Asfalto sangriento
El dinamismo no se limita al combate a pie. El pilotaje de vehículos dio un salto cuantitativo al integrar armamento pesado sobre ruedas. Ahora podemos disparar con nuestras propias pistolas desde la ventanilla, usar torretas frontales integradas en coches militares o utilizar hackeos rápidos para bloquear los frenos y hacer explotar los motores de los enemigos en plena persecución.
Todo esto encaja como una seda con el renovado sistema policial. La policía de Night City ya no es una fuerza decorativa; si sembramos el caos, enviarán patrullas tácticas, bloquearán carreteras con barricadas y, si alcanzamos las cinco estrellas de búsqueda, la unidad de élite MaxTac aterrizará directamente desde un aerodeslizador para cerrarnos el paso con una coordinación inquietante. La jugabilidad ha alcanzado, por fin, el nivel de diversión, agresividad y libertad que una distopía de este calibre exigía.
Night City alcanza su esplendor técnico en PS5 Pro
Hablar del despliegue visual de Cyberpunk 2077 exige empezar deshaciendo un malentendido bastante extendido: en PC, el título de CD Projekt Red se ha convertido en el gran estandarte del Path Tracing (o trazado de caminos completo). Sin embargo, conviene dejarlo muy claro desde el primer minuto: en PS5 Pro no hay Path Tracing, sino Ray Tracing. Aunque esa tecnología de renderizado integral queda reservada en exclusiva para tarjetas gráficas de gama alta en PC, nosotros nos centraremos de lleno en la versión de PS5 Pro en este análisis, comprobando hasta dónde ha sido capaz de llegar el estudio polaco con el parche dedicado a la consola más potente de Sony.
El verdadero motor de este salto cualitativo en PS5 Pro es la integración nativa del nuevo PSSR. La diferencia frente al re-escalado FSR 2.1 de la PS5 base y Xbox Series X resulta sencillamente abrumadora. La nitidez de los bordes, la estabilidad en geometrías complejas como cables o vegetación lejana y la reconstrucción de imagen hacen que la ciudad luzca infinitamente más limpia. Especialmente en el modo rendimiento, el PSSR elimina de un plumazo ese acabado borroso y el parpadeo recurrente al que estábamos acostumbrados con FSR.
Tres modos gráficos bien diferenciados
Para sacar partido al extra de potencia, el juego nos ofrece ahora tres modos gráficos en PS5 Pro, uno de ellos totalmente inédito en consolas:
- Modo Rendimiento: Mantiene como meta los 60 fps, pero con una calidad de imagen tremendamente superior gracias al re-escalado por inteligencia artificial de PSSR. Si dispones de un televisor o monitor compatible con tasa de refresco variable (VRR), el rendimiento se desbloquea permitiendo alcanzar picos de hasta 90 fps, situándose la media habitual en unos fluidísimos 75~80 fps. Conducir a toda velocidad por el centro urbano sin tirones es una gozada absoluta.
- Modo Ray-Tracing: En la PS5 original, activar el trazado de rayos conllevaba aceptar una tasa de fotogramas bloqueada a 30 fps. En PS5 Pro, este modo clásico da un salto indispensable y pasa a tener como objetivo principal los 60 fps, permitiéndonos disfrutar de sombras mejoradas sin renunciar a una respuesta ágil al mando.
- Modo Ray-Tracing Pro (Exclusivo de PS5 Pro): Es el auténtico escaparate técnico de la consola y una opción ausente en PS5 base y Xbox Series X. Aquí es donde se exprime la arquitectura para implementar Ray Tracing en reflejos, una mejora palpable en la iluminación global en zonas abiertas con iluminación indirecta (lo que refina significativamente la oclusión ambiental) y un cálculo de sombras mucho más preciso, ampliando notablemente la distancia de renderizado para evitar que aparezcan sombras de la nada al avanzar. Todas las capturas de este análisis son realizadas con este modo gráfico.
Los matices del Ray Tracing: ¿dónde se aplica y dónde no?
Conviene ser analíticos y detallar la letra pequeña de este modo Ray-Tracing Pro. Los reflejos calculados por trazado de rayos por hardware se aplican principalmente a la carrocería de los vehículos, a ciertos cristales translúcidos o escaparates y a las grandes superficies de agua. Al acercarnos a las ventanillas de un coche o al observar los letreros luminosos reflejados en un parabrisas, la precisión espacial es formidable.
Sin embargo, hay que matizar que el trazado de rayos no se extiende a todos los elementos del escenario. Otras superficies, como estructuras metálicas o las habituales charcas de agua del suelo, siguen confiando en técnicas tradicionales de Screen Space Reflections (SSR).
Es una decisión de optimización lógica para mantener la estabilidad del juego, aunque contrasta al ver cómo el agua profunda o un coche sí reflejan el entorno en tiempo real mientras que un pequeño charco cercano utiliza SSR.
En definitiva, aunque no estemos ante el despliegue del Path Tracing de PC, la actualización para PS5 Pro supone la versión definitiva en consolas. La combinación entre la fluidez del modo Rendimiento a más de 75 fps gracias al PSSR y el empaque visual del modo RT Pro convierte el paseo por las calles de Night City en una experiencia visualmente deslumbrante.
El espectáculo sonoro que da vida a la distopía
Si el apartado visual nos entra de lleno por los ojos, el trabajo de audio de Cyberpunk 2077 es el encargado de agarrarnos del cuello para no soltarnos. El diseño sonoro del título de CD Projekt RED no se limita a acompañar la acción; actúa como un elemento narrativo de primer orden que aporta peso, mugre, tecnología y alma a cada rincón de Night City.
Doblaje de nivel cinematográfico y la magia del lip-sync universal
Uno de los grandes hitos del juego es su tratamiento de las voces. Nos encontramos ante un doblaje al español sencillamente sublime. Cada interpretación, desde los matices melancólicos o chulescos de V (tanto en su versión masculina como femenina) hasta la rabia desgarradora de Johnny Silverhand o el acento amargo de Solomon Reed, demuestra una dirección de actores impecable. No hay frases leídas con desgana ni secundarios que desentonen; el reparto volcó un nivel de dinamismo y credibilidad que rivaliza con las mejores producciones de la industria del cine.
Pero el verdadero triunfo tecnológico en este campo responde al nombre de JALI, el motor de animación facial mediante inteligencia artificial utilizado por el estudio. A diferencia de otros desarrollos donde las animaciones labiales se renderizan pensando únicamente en el idioma original (habitualmente el inglés), este sistema analiza las pistas de audio en tiempo real para adaptar la gesticulación de la boca a los fonemas de cada lengua.
Da exactamente igual que decidas jugar en español, inglés, japonés o alemán: los labios de los personajes se mueven con una precisión quirúrgica para encajar con cada palabra pronunciada. Ver a Jackie Welles o a Judy Álvarez articular perfectamente las consonantes en castellano elimina de un plumazo esa molesta sensación de «película doblada» que suele lastrar a los grandes RPG.
Radios, emisoras y la respiración de las calles
Pasear o conducir por la ciudad es una lección magistral de ambientación acústica. El volumen de las conversaciones incidentales en las calles es colosal: basta con detenerse en un callejón de Japantown o junto a un puesto de noodles en Watson para escuchar a los peatones debatir sobre la última conspiración corporativa, discutir por deudas de drogas o llorar la pérdida de un familiar. El sonido posicional está tan bien trabajado que podemos orientarnos en mitad de la multitud guiándonos únicamente por la procedencia de las voces y los zumbidos de los anuncios holográficos.
Cuando nos ponemos al volante, la oferta musical se dispara a través de un catálogo de emisoras de radio absurdamente variado y pulido:
- Diversidad de géneros: Desde el techno industrial más oscuro de Radio Vexelstrom o el hip-hop agresivo de The Dirge, hasta el jazz melancólico de Royal Blue o los ritmos pop futuristas de Body Heat Radio.
- Artistas de renombre camuflados: Músicos de la talla de Grimes, Nina Kraviz o Gazelle Twin prestaron sus voces y temas al juego. Mención especial merece la banda de punk-rock real Refused, encargada de darle voz e instrumental al legendario grupo ficticio Samurai, transformando cada tema de Johnny Silverhand en un himno de pura rebeldía.
Una banda sonora original con nota de sobresaliente
Más allá de lo que suena en las radios de los vehículos, la banda sonora original compuesta por Marcin Przybyłowicz, P.T. Adamczyk y Paul Leonard-Morgan es, directamente, de sobresaliente alto. Los compositores lograron huir de los clichés más manidos del synthwave ochentero para construir una identidad sonora propia: oscura, distorsionada, metálica y profundamente visceral.
Los sintetizadores analógicos se combinan con ritmos industriales machacones que disparan la pulsación durante los tiroteos. El tema de combate de las unidades MaxTac o los acordes amargos que suenan durante los momentos clave de la expansión Phantom Liberty se quedan grabados a fuego en la memoria. El apartado sonoro no solo cumple; es el engranaje que convierte a Night City en un lugar dolorosamente vivo.
¿Qué tal está de bugs el Cyberpunk 2077 en 2026?
Hablar del estado de salud de un juego de semejante envergadura exige hacer un ejercicio de memoria histórica sin tapujos. En diciembre de 2020, Cyberpunk 2077 no era solo un título con problemas; era un auténtico campo de minas. Aquel lanzamiento estuvo marcado por cierres inesperados, físicas disparatadas, inteligencia artificial inerte y texturas que tardaban minutos en cargar. Era un cuadro desolador que empañó por completo el colosal trabajo artístico que había debajo.
El trabajo de reconstrucción llevado a cabo durante todos estos años ha sido una titánica labor. Hemos pasado de la frustración constante a disfrutar de una estabilidad casi absoluta. Los parches acumulados, la reestructuración completa del motor y las optimizaciones de última generación acabaron con los errores graves, los problemas de progresión en misiones y las caídas drásticas de fotogramas. Hoy en día, la experiencia de juego es limpia, sólida y sumamente disfrutable de principio a fin.
La física y sus raros caprichos
Ahora bien, construir un mundo abierto con semejante densidad de geometrías, físicas interactivas y sistemas simulados implica que el riesgo cero no existe. Aunque el juego está impecable en el 99% de sus apartados, de vez en cuando nos topamos con pequeñas excentricidades visuales que nos recuerdan de dónde venimos.
Como podemos ver en nuestra propia captura superior, las colisiones entre cajas y enemigos abatidos todavía nos regalan algún momento surrealista. Un cadete militar que decide hacer un spagat acrobático atravesando una caja de suministros o una pistola que se queda flotando un par de segundos tras un tiroteo encarnizado son vestigios menores que siguen asomando la cabeza.
La gran diferencia entre 2020 y la actualidad es abismal: antes, los bugs arruinaban partidas y rompían la inmersión; hoy, los escasos fallos residuales son meras anécdotas cómicas que sacan una sonrisa en mitad de la gravedad de Night City.
Estos pequeños descuidos ya no lastran la jugabilidad ni impiden avanzar en una misión. Se han convertido en simpáticos recordatorios de que Night City, por muy pulida que esté, sigue siendo un ecosistema informático monstruoso impulsado por miles de líneas de código coexistiendo en tiempo real.
El veredicto final de Night City
Mirar hacia atrás y contemplar la travesía completa de Cyberpunk 2077 es presenciar una de las historias de perseverancia más fascinantes en la historia del entretenimiento digital. CD Projekt RED no se limitó a aplicar parches de emergencia para limpiar su nombre o salvar los papeles en los informes financieros; reconstruyó con paciencia, orgullo y artesanía un título que nació condenado para convertirlo en el referente absoluto sobre cómo debe concebirse un RPG de acción futurista. Hoy, seis años después, la brecha entre la ambición técnica del estudio y la realidad del jugador ha desaparecido por completo.
Lo que nos queda en las manos es una obra de arte interactiva que se atreve a mirarte a los ojos y hacerte preguntas incómodas. Night City no es solo un mapa gigantesco repleto de iconos; es un organismo vivo, sofocante y trágico que nos enamora precisamente por su capacidad para recordarnos lo valiosa que es la empatía en un mundo destruido por la codicia. Cada rincón, desde las avenidas resplandecientes de neón hasta la mugre de los callejones abandonados, respira una personalidad que pocos desarrollos lograrán igualar en la presente década.
Podemos afirmar sin que nos tiemble el pulso que este viaje es imprescindible para cualquier amante de los videojuegos. La combinación entre un combate eléctrico, un guion cinematográfico de madurez intachable, un doblaje colosal y una factura técnica que exprime al máximo el hardware actual lo encumbra a lo más alto de la generación. V y Johnny Silverhand ya no son los rostros de un tropiezo histórico, sino los protagonistas de un clásico moderno que logró quemar sus viejas cenizas para convertirse en la leyenda definitiva.
Cyberpunk 2077
La redención más colosal e incontestable de la historia de los videojuegos. Cyberpunk 2077 se consolida hoy como una auténtica obra maestra de la ciencia ficción, aunando una narrativa desgarradora con un combate de diez, una banda sonora de sobresaliente y un apartado técnico que roza la excelencia. Night City es, por fin, la distopía viva, brutal e imprescindible que estábamos esperando.
Lo mejor
- Narrativa de nivel sublime
- Espectáculo visual
- Combate y ciberware rediseñados
- Apartado sonoro magistral
Lo peor
- Glitches de física residuales
- La IA de los transeúntes
-
Historia
-
Jugabilidad
-
Apartado artístico
-
Apartado sonoro




