Seguramente te lo han dicho. La salud mental y emocional están directamente relacionadas con el rendimiento académico. El estrés aparece cuando debes hacer frente a una sobrecarga de tareas con tiempo limitado que tu organismo puede interpretar de dos maneras: como una activación positiva o como una amenaza.
También he estado allí. Si la sensación de amenaza se acumula, seguramente comienzas a notar uno o varios síntomas como ansiedad constante, cambios en los hábitos alimenticios, mal dormir, irritabilidad, tensión muscular, caer enferma con mayor frecuencia, retirarte de la vida social, descenso de tu rendimiento académico y baja autoestima, entre los más habituales.
Es importante actuar para restaurar tu equilibrio, pero también saber que no estás sola en este proceso.
¿Cómo se aborda el estrés académico?
No hay una sola receta infalible. La estrategia defensiva que mejor se adapte a tu personalidad será la definitiva para evitar peores consecuencias como la depresión o la deserción académica, que se presentan cuando ese malestar que no abordamos a tiempo se hace crónico.
Los especialistas en educación y psicología suelen analizan dos estilos para lidiar con el estrés académico:
- Centrarse en la emoción: cuando se busca primero reducir o administrar mejor el malestar emocional.
- Centrarse en el problema: con conductas que modifiquen esa fuente de estrés para resolverla.
Otros autores, en cambio, plantean tres estrategias o perfiles de afrontamiento como pilares que no deben faltar para encaminarse hacia la gestión del estrés académico.
Reevaluación Positiva
Se asocia con resetear la mente agobiada por los factores estresantes. Abarca todas las acciones que tiendan a crear un nuevo diagnóstico positivo de la situación, permite analizar tus recursos para atravesarla y minimizar las partes negativas de la experiencia.
Búsqueda de Apoyo Social y/o sostén
Esta conducta implica que un entorno confiable puede ayudarte en la búsqueda de información adicional o recursos resolutivos, como también brindarte un sostén emocional. Aislarse no es la mejor solución.
Planificación
Todas las acciones que puedes implementar para reducir al mínimo los factores desencadenantes del estrés. Esto incluye nuevas estrategias de organización, objetivos, métodos para gestionar todos tus recursos internos y externos.
Paso a paso es mejor. Hay una gran diversidad de técnicas con evidencia científica que puedes adoptar a tu estilo de vida para gestionar el estrés académico antes de que se cargue tu motivación, tu salud mental y tu futuro académico.
Prácticas que ayudan a la gestión del estrés
Pon atención a tu método de estudio/recursos tecnológicos, a tu organización y a tu estado emocional/de salud.
1. Revisa si tu método de estudio y recursos tecnológicos te impulsan o te retrasan.
El ámbito universitario actual refleja formas diversas de incorporar el aprendizaje. Están quienes aún toman apuntes con bolígrafo y papel y quienes llevan su notebook a la facultad. Otros, grabarán y transcribirán la clase entera con Inteligencia Artificial.
No hay métodos infalibles. Pero sí están los que más te favorecen a ti. La manera en que aprendemos, redactamos, resumimos o presentamos proyectos no es solo una cuestión de estilo, sino de cuánto optimizamos nuestro tiempo y bienestar para que el estudio se transforme en una experiencia que nos empuja a avanzar. Tener demasiados y variados métodos podría retrasarte y añadir una considerable cuota de estrés a tu vida universitaria.
Es probable que los más románticos pierdan terreno frente a los que incorporan estas herramientas pensadas para facilitar su aprendizaje. Plataformas como JustDone, que ofrece varios servicios: humaniza y mejora textos, revisa contenido, es detector de ia y verificador de plagio, pueden ser una ventaja enorme para un estudiante que se enreda con textos muy largos o que no le gusta redactar.
Es cierto que los sistemas tradicionales contrastan con la avasallante velocidad de los modelos de Inteligencia Artificial, lo que genera todo tipo de resultados, aún en investigación. Sin embargo, la IA es una realidad que está en expansión y es necesario conocer sus ventajas y desventajas a conciencia.
Su irrupción en todos los ámbitos tiene votos a favor y en contra, pero brinda una oportunidad real de acompañar procesos de aprendizaje y hacer más eficiente la gestión del tiempo.
La percepción sobre el impacto de la IA en el rendimiento académico
Un estudio reciente que se llevó adelante en Lima, Perú y fue publicado en la revista Prohominum. Revista de Ciencias Sociales y Humanas, arroja resultados sobre la percepción del impacto del uso de la IA en estudiantes universitarios en cuanto al rendimiento académico y bienestar emocional. El estudio no omite que hay desafíos y aspectos negativos que persisten, pero muestra la percepción positiva de los estudiantes en el uso de este tipo de tecnologías.
El estudio demostró que el 63,1% de los estudiantes manifestó utilizar siempre la IA; el 29,8 % indicó hacerlo en algunas ocasiones y solo el 7 % dijo no utilizarla. La mayoría acordó en que esta herramienta es “accesible y fácil de utilizar” y solo el 7,1 % de los estudiantes no la utilizó.
En la percepción de los estudiantes, la inteligencia artificial “contribuyó al desarrollo de habilidades relacionadas con la redacción y comunicación (22,3%), la resolución de problemas (20,4%) y la comprensión de conceptos (10,5%)”.
Luego se midió cómo percibieron el impacto en el aprendizaje, y los resultados mostraron que “el 35,9 % de los estudiantes considera que la IA mejora significativamente el aprendizaje, mientras que el 28,8 % indica que lo hace de manera moderada. Por otro lado, el 24,6% señala que su impacto no ha generado cambios significativos”.
Más adelante, “el 79,3% de los encuestados indicó que estas tecnologías pueden ofrecer algún tipo de apoyo emocional, especialmente a través de sistemas interactivos como chatbots o asistentes virtuales”. Las conclusiones señalan que “estas tecnologías permiten optimizar los procesos de aprendizaje mediante el uso de sistemas adaptativos que responden a las necesidades individuales de los estudiantes, lo que puede redundar en un mayor bienestar”.
2. ¿Estás bien organizada?
Resolver la puesta en escena de tus momentos de estudio no es menor. Hay movimientos pequeños que pueden implicar grandes cambios. Puede funcionar como aquella idea de que el orden exterior —como tender tu cama o levantar la ropa— es un gran aliado para regular tu estado de ánimo.
- Espacio: Analiza tu lugar. ¿Tienes luz, un asiento confortable que te mantenga erguida y la quietud necesaria para concentrarte?
- Horario: Adáptalo a tu mejor rendimiento mental ¿Tienes mejor concentración diurna o nocturna? ¿Estás forzando tu horario para adaptarte a otros?
- Tiempo y pausas: es importante que organices cuánto tiempo de dedicación le darás a cuál material y establezcas bloques con tiempo de estudio y de pausas breves para relajar o estirar. Quizá te resulte estudiar 30 minutos + 3 de descanso o 45 + 5. O a lo mejor eres de las que se levantan, dan una vuelta por la casa para estirar las piernas y vuelven a sentarse.
- Distracciones: evita las redes sociales durante los bloques de estudio y trata de minimizar los momentos del día en que hay muchas interrupciones. Si no puedes evitarlo, prueba con música de concentración o un mejor aislamiento acústico en las paredes.
3. Gestiona tu estado emocional y de salud
Seguramente has escuchado sobre el cortisol, la hormona que ha cobrado protagonismo por estar estrechamente relacionada con el estrés. Aprender a bajar el nivel de alerta es un objetivo que puede cumplirse con hábitos conscientes.
- Identifica las situaciones que gatillan tu malestar, en qué momento y lugar del día suceden y en qué parte del cuerpo se manifiestan.
- Verbaliza lo que sientes con alguna amiga, compañera de grupo, familia o tu terapeuta. Muchas veces sentirás el alivio de sentirte escuchada y comprendida.
- Intenta mantener una nutrición y un descanso saludables.
- No olvides que el aire libre es necesario, como también el ejercicio físico regular.
- Frecuenta a tus amigos y rodéate de grupos de estudio saludables.
- Incorpora en los momentos de malestar ejercicios breves de respiración, meditación, atención plena o yoga. Resetean tu sistema nervioso en minutos.
- Analiza si necesitas buscar ayuda médica o terapéutica.
Y para terminar, es importante que recuerdes que para minimizar el estrés académico primero debes conocer y respetar tus propios límites y capacidades, siempre priorizando tu bienestar. Asimismo, si aún no lo has hecho, puedes permitirte explorar las opciones que ofrecen las últimas tecnologías para poder tomar decisiones informadas y luego aportar a tu orden y progreso.
¡Suerte en tu camino académico!
Texto por Milagros Nores
Acerca de Milagros Nores Soy argentina, Licenciada en Relaciones Públicas. Gran parte de mi carrera estuvo dedicada a la redacción periodística de noticias y entrevistas, como también a la corrección y edición. Desde el año 2024 me dedico al entrenamiento de la IA generativa como evaluadora de contenido para el idioma español.




