Hoy os traemos el análisis de Feudal Baron: King’s Land para PlayStation 5, un título indie de simulación medieval y estrategia desarrollado en conjunto por Sim Farm S.A. y Ultimate Games S.A., el cual también es su editor/publisher. Construye tu pueblo desde cero, expándelo y hazlo crecer hasta convertirlo en una ciudad próspera casi tan importante como la capital, llegando a comerciar con otros lugares remotos estableciendo rutas comerciales, pero sin olvidarte de que le debes lealtad al rey… o no. Eso ya lo dejan a tu elección y con consecuencias.
Con una sensación de apariencia similar a los juegos de la saga Anno, es un juego que promete mucho y se desinfla muy rápido. Aquí os lo contamos:
Una herencia medieval
Es marzo del año 1200. La premisa con la que comienzas en esta aventura es simple, pero efectiva: heredas por parte de tu padre unas tierras y dinero con el objetivo de crear un asentamiento para tus ciudadanos y vasallos. Para ello, contarás con un consejero que te irá proponiendo las misiones a realizar, ya sea crear campos para cultivar cereales, abrir una mina de la que extraer hierro u obtener platos en el taller de alfarería para que tus aldeanos no coman directamente de la olla de barro.
Pero no te olvides de que estas tierras le pertenecen también al rey, y debes pagarle cada mes las «cargas feudales«. Puede que el primer mes sólo te pida un cántaro de leche, pero al siguiente te tocará darle zanahorias, carne magra, piedra caliza y oro. Y será mejor que lo pagues, o busques la manera de sustituir aquello que te falta, porque su majestad es bastante despiadado y no dudará en declararnos la guerra para someter al pueblo ingrato.
Si has superado todo esto, no te olvides de expandir tu territorio, construir nuevos edificios y viviendas para tus súbditos e ir más allá; ya sea creando rutas comerciales, decretando que la religión de tus iglesias sea una sola o amurallando los alrededores del terreno para evitar que tus enemigos destruyan todo cuanto ha significado tu esfuerzo. Siempre puedes mandar a tus caballeros, o armar a los campesinos, para que luchen por ti.
Vamos, lo que vendría a ser un simulador de vida medieval.
Aprende el oficio
Aquí se divide en dos, ya que puedes decidir aprenderlo todo desde cero (con el modo Historia dividido por capítulos), o saltar directamente al modo Sandbox, en el que tienes mayor libertad de decisiones -¡CUIDADO!-.
Dicho esto, os tenemos que avisar: es un auténtico dolor de cabeza.
Aunque la interfaz se ve bien al principio de usarla, luego comienzan los problemas. En el momento en el que comienzas a gestionar un par de cosas, nos atrevemos a decir que el propio motor del juego colapsa. Se vuelve muy tosco, obligándote a frenar tu desarrollo a pesar de que tengas los recursos necesarios y el tiempo. Incluso llegando a quitarte los materiales sin darte explicación alguna, como si una bruja te los hubiera robado. Eso hace que la experiencia se resienta. ¿Cómo vas a hacer feliz a tus residentes si necesitan que construyas una iglesia, pero no te registra bien el número exacto de piedras y madera para construirla?
Cuando ocurre una desgracia, como que se queme un taller, o que una de las casas no tiene ropa suficiente para sus inquilinos, ¿crees que te lo expondrán debidamente? La respuesta corta es: no. El sistema feudal que propone el juego está tan interconectado que sólo entorpece más tu camino. Es como si todos los NPCs tuvieran que hacer todas las tareas que les has encomendado al mismo tiempo, aunque no sean la misma. Parafraseando al filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman, «nunca hemos estado tan conectados y a la vez tan solos o alejados».
Además, los controles de la cámara no son aptos para aquellas personas que sientan náuseas ante los movimientos bruscos. Entendemos que proviene de un sistema para ordenadores, pero eso no excusa que no lo han adaptado debidamente. Si queréis pasar a un ángulo más cómodo de visión de la cantera sin perder de vista la montaña, apañáoslas. No sólo la ambientación del juego es medieval, también tu punto de vista.
Y el modo batalla puede parecer el mejor lugar en el que sacarle partido a tu lado estratégico. Pero no os equivoquéis. La explicación de los movimientos de tus caballeros/aldeanos brilla por su ausencia. Es un sistema similar a un tablero de ajedrez en el que no sabes qué va a suceder, por mucho que planifiques tus movimientos. Porque, a pesar de que no te muestran cómo usarlo, cada encuentro con los enemigos parece estar programado para que falles y se te acabe la partida.
Salvados por la «campana»
Para un juego que salió el año pasado y que ha pasado por otras consolas antes de llegar a la de este análisis, hemos de decir que el apartado gráfico es muy mejorable. Es algo muy genérico, sin carisma. Entendemos que se trate de un estudio indie, pero no olvidemos que ha habido otros estudios indie que han desarrollado muchísimo el apartado gráfico (como Sedleo con 1348 Ex Voto).
Las texturas del suelo se asemejan más a un escenario de fondo (muy al fondo) que a un camino de tierra con hierba. Y también se aplica a los campos de cultivos, a los animales, los edificios y los propios habitantes. Hasta las flores parece que las han pisoteado, aunque no haya recorrido ese espacio nadie. Es por ello que lo mejor es mantener la vista a modo de pájaro. Pero eso no quita que de vez en cuando uno de los campesinos se quede bloqueado mientras camina sobre los cereales que atraviesa como por arte de magia. O que los muros de defensa, aunque sean de madera, parezcan haber sido creados con plastilina.

Sin embargo, el apartado sonoro lo encontramos bastante pulido. Laúdes y flautas al viento mientras recorres cada recoveco del mapa, intentando meterte dentro de la atmósfera medieval. Se agradecen los efectos de sonido inmersivos cuando acudes al herrero y escuchas el golpe del martillo contra el metal, o un pico contra una piedra en la cantera. Mientras que en el modo asentamiento se reproduce la misma canción en bucle hasta la saciedad, en el modo batalla sientes que el momento que vas a presenciar es crucial para la trama. Es una mezcla caótica y calculada de elementos que saturan los sentidos, guiando las emociones.
Final del camino
Aunque hay ciertos puntos que están muy bien, sentimos que se queda muy por debajo de las expectativas que presentaba. Si le quieres dedicar tu tiempo y dinero, adelante. Pero consideramos que su precio es alto (14,99€) para lo que es.
Si os llaman la atención los simuladores medievales, os animamos a jugar a Crusader Kings III para una aventura más pulida, o a Becastled para algo más cozy.
Feudal Baron: King’s Land ya está disponible para PlayStation 5, XBOX Series y PC.
Feudal Baron: King's Land
A pesar de que la historia es sencilla y funcional, y el apartado sonoro está muy bien trabajado, no podemos obviar que la jugabilidad y los gráficos hacen mucho daño.
Lo mejor
- Historia sencilla
- Efectos sonoros inmersivos
- Banda sonora correcta
Lo peor
- Interfaz poco intuitiva
- Movimientos de cámara toscos
- Apartado gráfico deficiente
- Explicaciones no desarrolladas
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Historia
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Jugabilidad
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Apartado artístico
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Apartado sonoro



