Hay silencios que pesan más que la propia gravedad. En el vacío absoluto de la superficie lunar, donde el tiempo parece haberse congelado entre cráteres y polvo estelar, la humanidad ha dejado algo más que huellas: ha dejado preguntas. Observamos la Tierra desde la distancia, un mármol azul que se siente tan ajeno como el frío metal de nuestro traje, mientras nos preguntamos qué nos ha traído hasta aquí. No es solo un viaje espacial; es una incursión en lo desconocido, una danza entre la fragilidad de la vida y la frialdad de la tecnología más avanzada.
Capcom atraviesa actualmente un estado de forma que solo podemos calificar de legendario. Tras haber colocado este mismo año un firme candidato a GOTY como lo es Resident Evil Requiem, demostrando un dominio absoluto de la técnica y la narrativa, el estudio de Osaka ha decidido que el cielo no era el límite.
Con Pragmata nos invitan a soltar amarras y lanzarnos al vacío, pero no a ciegas. Lo hacemos con la certeza de que estamos ante una obra que busca redefinir su propia identidad, alejándose de los senderos seguros para explorar una frontera donde la realidad y la simulación se confunden bajo la pálida luz de nuestro satélite. Además, si no queréis dejaros nada, no dejéis de echar un ojo a nuestra guía de Pragmata para conseguir el platino o el 100% de los logros)
El misterio que ha rodeado a este proyecto desde su primer anuncio no ha hecho más que alimentar un aura de misticismo que pocos juegos logran mantener hoy en día. ¿Qué es Diana? ¿Qué buscamos en este páramo plateado? Nos ajustamos el casco, comprobamos los niveles de oxígeno y nos preparamos para descender. Acompañadnos en este viaje al corazón de la Luna, porque lo que hemos encontrado en Pragmata no es solo un videojuego, sino un enigma que exige ser resuelto píxel a píxel, y Artemis II no ha conseguido responder a la cuestión. Tenemos que resolverlo nosotros.
Un relato fragmentado
Aquí no nos detendremos mucho, porque no queremos destripar ninguna sorpresa a nadie. Merece —y mucho— la pena descubrir esta joya por ti misma o ti mismo.
La narrativa de Pragmata no se entrega al jugador de forma masticada; se debe recomponer como un puzle cuyas piezas están esparcidas. Desde los primeros compases del juego, Capcom establece una atmósfera de misterio tangible que envuelve al protagonista (Hugh), un astronauta pesado y blindado, y a su enigmática compañera, Diana. La trama arranca in media res, sumergiéndonos de inmediato en una realidad que se resquebraja por momentos.

El juego nos introduce en una recreación meticulosa, aunque inquietante, de Times Square en Nueva York. Sin embargo, algo está profundamente mal. No hay seres humanos, solo ecos de una vida que fue. La precisión quirúrgica con la que Capcom renderiza esta sección inicial nos permite apreciar las anomalías sutiles en los reflejos de los neones y la inestabilidad de la propia simulación.
Es aquí donde la urgencia de la narrativa se manifiesta por primera vez: la «realidad» que rodea al protagonista comienza a colapsar físicamente, revelando una infraestructura tecnológica subyacente que ha fallado estrepitosamente. Esta sección funciona como un tutorial narrativo, donde entendemos que la supervivencia depende de escapar de este colapso de datos y alcanzar la superficie real de la Luna.
Nuestra querida Diana
El corazón emocional de la historia reside en la relación entre Hugh y Diana, una niña pequeña que parece poseer una conexión intrínseca y misteriosa con la tecnología que nos rodea. Diana no es una simple «carga» a la que proteger; es una pieza clave para navegar por este entorno hostil. Aunque inicialmente se sabe poco sobre su origen o su verdadera naturaleza (más allá de que no requiere traje espacial para sobrevivir en el vacío), sus interacciones con el entorno y su capacidad para manipular sistemas complejos son fundamentales.

La narrativa se apoya fuertemente en la comunicación no verbal entre ambos personajes, creando un vínculo poderoso a medida que enfrentan peligros desconocidos. Capcom ha logrado que cada mirada y cada gesto de Diana transmita una vulnerabilidad y una fuerza contradictorias que nos impulsa, como jugadores, a seguir adelante.
La amenaza de IDUS
El primer gran giro narrativo y visual ocurre cuando el protagonista y Diana logran escapar de la simulación de la Tierra y ascienden a la verdadera superficie lunar. La transición es un espectáculo técnico que marca un cambio drástico en el tono de la historia: pasamos de la claustrofobia urbana a la inmensidad desoladora del paisaje lunar. Es aquí donde la historia introduce a sus principales antagonistas tangibles: unidades robóticas hostiles conocidas como IDUS. Estas máquinas, diseñadas originalmente para tareas utilitarias, ahora patrullan la Luna con intenciones letales.
Sin revelar las razones profundas de su mal funcionamiento, la narrativa establece claramente que el IDUS es el obstáculo inmediato que se interpone entre nuestros protagonistas y la verdad sobre qué ocurrió con la colonia humana y por qué la Luna se ha convertido en una prisión tecnológica. El viaje se convierte en una lucha constante por la supervivencia contra estas entidades mecánicas.
Una jugabilidad en constante evolución
La jugabilidad de Pragmata se define por la dependencia mutua entre Hugh, el astronauta que manejamos directamente, y Diana, cuya presencia es tan vital como el oxígeno en el vacío. No estamos ante un simple juego de disparos en tercera persona; es un Puzzle-Acción constante, de ritmo frenético, donde os adelantamos que la potencia de PS5 Pro brilla al mantener una tasa de frames altísima incluso cuando la pantalla se llena de partículas y códigos digitales cual Matrix, aunque ya ahondaremos más de ello en su apartado.
El hacking como arma
Es cierto que durante las primeras horas el sistema de hackeo puede resultar algo intrusivo. Diana debe acceder a los nodos de los IDUS para exponer sus puntos débiles, ya que el blindaje enemigo es prácticamente impenetrable para las balas convencionales de Hugh. Al principio, esto se siente como una interrupción, pero la curva de aprendizaje está diseñada con inteligencia.

A medida que avanzamos, el tablero de hackeo se vuelve más complejo y estratégico. Ya no solo buscamos el camino más corto hacia el nodo verde; buscamos los nodos azules para multiplicar el daño o los nodos amarillos para desencadenar efectos de área. Mención de honor a la respuesta de los gatillos adaptativos del DualSense, dándonos una respuesta física que nos sumerge por completo en la interfaz.
De la repetición a la excelencia
Lo que comienza como un «dispara-hackea-dispara» evoluciona gracias a la obtención de «Lunafilamentos», el recurso que utilizamos en las impresoras de unidades para mejorar nuestro equipo. Es aquí donde el juego se abre por completo, con diferentes habilidades como el multihackeo, señuelos o más arsenal para Hugh.
La combinación de estas herramientas hace que, hacia la mitad de la aventura, el combate se sienta increíblemente fluido. Ya no hackeamos porque el juego nos obligue, sino porque hemos aprendido a usar el código como una extensión más de nuestro ataque. Podríamos profundizar más en este apartado: sobre diferentes habilidades o armas; pero sentimos que, si lo hacemos, os destripamos parte del encanto de este título.
El uso del entorno
No todo es apretar el gatillo. El diseño de niveles, especialmente al llegar a las zonas más abiertas de la Luna, nos obliga a usar el hackeo para manipular el entorno. Podemos piratear torretas automáticas para que luchen de nuestro lado o activar trampas ambientales que detengan el avance de los IDUS más pesados. La libertad que ofrece el juego conforme desbloqueamos estas capacidades de interacción borra cualquier sensación de monotonía inicial, convirtiendo cada escenario en un patio de recreo táctico. De hecho, os adelantamos que hay zonas muuuuuy escondidas para conseguir algún cofre o un coleccionable con tal de lograr el 100% del juego (en el que un servidor está intentando en su segunda partida).

Pragmata en PS5 Pro es un espectáculo para la vista
A diferencia de otros títulos que nos obligan a elegir entre ver el juego bien o que se mueva con fluidez, en Pragmata para PS5 Pro el enfoque es mucho más directo y satisfactorio. Contamos con un modo único de visualización que exprime las bondades de la consola premium de Sony (en PS5 base o Xbox sí debes elegir entre 30 fps o 60, depende de si prefieres mejores gráficos o rendimiento), permitiéndonos personalizar la tasa de refresco según nuestro televisor o monitor.
¿60 fps rocosos, o prefieres más?
Lo primero que notamos al tomar el control es la estabilidad. Si optamos por la configuración estándar, disfrutaremos de unos 60 fps rocosos. Hemos intentado estresar el motor gráfico con explosiones masivas de los IDUS y partículas de polvo lunar en suspensión, y el resultado es siempre el mismo: ni una sola caída. La fluidez es absoluta, algo vital en un juego donde el tiempo de reacción para los hackeos es clave.

Sin embargo, para quienes tengáis un monitor o TV compatible con VRR, el juego se desbloquea por completo. En zonas de combate intenso, con la pantalla inundada de efectos, nos movemos en unos envidiables 70 fps. Pero cuando llegamos a los momentos de calma, explorando las zonas interiores de la colonia; ahí la tasa de cuadros sube hasta los 110 fps, ofreciendo una suavidad de movimiento que hasta hace poco era impensable fuera del PC de gama más alta.
Un nivel de detalle absurdo en Diana
Uno de los grandes protagonistas de este apartado es el PSSR 2 . Esta tecnología de reescalado mediante IA hace que la imagen sea nítida como un cristal, eliminando cualquier rastro de borrosidad. Donde mejor se aprecia este despliegue es en Diana.

El tratamiento del cabello de la niña es, sencillamente, de escándalo. Cada mechón se renderiza con una individualidad física pasmosa; ver cómo se mueve con la baja gravedad o cómo reacciona a las luces ambientales es un espectáculo en sí mismo. Ya no vemos esa «masa» de pelo típica de los videojuegos, sino una estructura orgánica que parece tener vida propia.
El raytracing también hace acto de presencia
La Luna es, por definición, un lugar de contrastes brutales, y el Ray Tracing de Pragmata lo aprovecha para crear una atmósfera opresiva y hermosa a partes iguales. Las superficies metálicas de nuestro traje y el visor del casco reflejan el entorno de forma dinámica y precisa.
Las sombras no son solo manchas negras; son proyecciones calculadas en tiempo real que dan una profundidad tridimensional a cada roca y cada estructura. Los reflejos en los suelos pulidos de las instalaciones tecnológicas nos permiten, en ocasiones, ver amenazas que se acercan por la espalda, uniendo estética y jugabilidad de una forma magistral.

No llega al nivel del Path Tracing de PC, obviamente, pero ver este nivel en consola era algo inimaginable hace apenas dos años.
Y el sonido, ¿qué tal?
El apartado sonoro de Pragmata se siente como una extensión natural de su atmósfera enigmática. No busca abrumar al jugador con una fanfarria constante, sino que utiliza el sonido de manera diegética para reforzar la sensación de soledad y la naturaleza tecnológica del entorno.
Voces que tienen alma
Uno de los puntos donde Capcom nos ha ganado por completo es en la localización. Contar con un doblaje de esta calidad en nuestro idioma es un lujo que eleva la conexión emocional con la historia. José Meco presta su voz a Hugh, dotando al protagonista de una gravedad y una contención que encajan perfectamente con su papel de protector silencioso. Sus pocas palabras tienen el peso de la experiencia y la fatiga del combate.
Por otro lado, Tania Ugía realiza un trabajo magistral como Diana. Logra transmitir esa mezcla de inocencia, misterio y determinación sin caer en los clichés de «niña en peligro». La química vocal entre ambos, incluso en los momentos de mayor tensión, es lo que realmente ancla la narrativa. El resto del elenco mantiene un nivel de interpretación formidable, dotando de personalidad a cada registro de voz que encontramos en esta odisea.
Banda sonora
Si hablamos de la música, nos encontramos ante una partitura que cumple con creces su cometido, aunque quizás no sea el elemento que más sobresalga del conjunto. En lugar de buscar melodías pegadizas que tararear al apagar la consola, la banda sonora se decanta por ser atmosférica y textural. Se funde con el ambiente, acentuando los momentos de tensión con sintetizadores que parecen romperse y ofreciendo pasajes de una belleza melancólica cuando nos detenemos a observar la Tierra desde el horizonte lunar.
Es una música que «está», que apoya cada sentimiento, pero que sabe ceder el protagonismo a la acción cuando es necesario.
La duración es la justa, ni más ni menos
En los tiempos que corren, donde muchos títulos intentan estirar su propuesta de forma artificial con misiones de recadero o mapas vacíos, Capcom ha tomado una decisión valiente y, a nuestro juicio, muy acertada con Pragmata. No estamos ante un pozo de horas infinito, sino ante una experiencia cinematográfica y jugable que sabe exactamente cuándo empezar y cuándo debe terminar para no agotarnos.

Nuestra primera partida, disfrutando del paisaje y profundizando en la trama a un ritmo constante, nos ha llevado 12 horas. Puede parecer una cifra comedida si la comparamos con los estándares actuales de los mundos abiertos (aunque Pragmata no es un mundo abierto como tal), pero os aseguramos que son 12 horas de pura intensidad, sin un solo minuto de relleno. Cada capítulo aporta algo nuevo, ya sea un giro narrativo o una nueva mecánica de combate, haciendo que el ritmo sea envidiable.
Sin embargo, para los que buscamos exprimir cada rincón de la colonia lunar y hacernos con ese ansiado Platino, la cifra se eleva considerablemente. Completar el juego al 100%, desbloqueando todas las mejoras de equipo para Hugh, encontrando los archivos de datos que profundizan en el lore y superando los desafíos más exigentes en la dificultad más alta (es un trofeo completarlo en dificultad Lunática), nos llevará aproximadamente unas 25 horas.
Además, Pragmata es un título tremendamente rejugable. La profundidad de su sistema de combate y la espectacularidad visual invitan a volver a pasar por ciertas secciones solo por el placer de probar nuevas combinaciones de hackeo o para capturar esa instantánea perfecta que se nos escapó la primera vez.
Calidad a precio justo
Lo que termina de redondear este paquete es su posicionamiento en el mercado. Capcom ha decidido lanzar Pragmata a un precio reducido, alejándose de los ya habituales 80€ que suelen acompañar a los grandes lanzamientos de nueva generación. Un movimiento maestro. Al ajustar el precio a la duración y ambición del proyecto, el estudio elimina cualquier barrera de entrada y demuestra honestidad hacia el consumidor.
Estamos ante una obra que ofrece una factura técnica de primerísimo nivel y una jugabilidad pulida al extremo, pero que no pretende engañar a nadie con una duración inflada. Es, en esencia, un producto de lujo en un formato más concentrado, lo que lo convierte en una de las compras más recomendables y honestas que hemos visto en lo que va de año.
Dificultad
Ya que hemos nombrado la dificultad por el trofeo, vayamos con ello. Capcom ha estructurado la experiencia en tres niveles de dificultad muy bien diferenciados que cambian no solo la resistencia de los enemigos, sino la agresividad de los IDUS y la ventana de tiempo que Diana tiene para realizar los hackeos más críticos.
Casual y Estándar
Para aquellos que quieran centrarse en la fascinante narrativa y dejarse absorber por el despliegue visual sin demasiadas complicaciones, el modo Casual es la opción ideal. Aquí, los errores en el combate no se pagan tan caro.
Por otro lado, el modo Estándar es, a nuestro juicio, la forma en la que el juego «debe» ser jugado la primera vez. Ofrece un equilibrio fantástico donde los combates contra los jefes requieren que dominemos las sinergias entre Hugh y Diana, pero sin llegar a ser frustrante.
Lunática: solo para expertos (y para el 100%)
Aquí es donde las cosas se ponen realmente serias. El modo Lunática no está disponible de inicio; es una recompensa (o un castigo, según se mire) que se desbloquea tras completar la historia por primera vez.
En esta dificultad, Pragmata se transforma en un «ballet». Los enemigos son mucho más letales, sus patrones de ataque varían y el margen de error en el hacking es mínimo. Es el modo perfecto para aprovechar esa rejugabilidad que comentábamos antes, poniendo a prueba todo lo aprendido y obligándonos a utilizar cada mejora del traje al máximo. Es un desafío que pica, seamos honestos.
Un viaje a la Luna magistral
Tras haber explorado cada rincón de la superficie lunar y haber desentrañado (con cuidado de no romper la magia) los hilos que unen a Hugh y Diana, la sensación que nos queda es la de haber presenciado un evento poco común en la industria actual. Pragmata no es solo un videojuego; es la confirmación de que Capcom se encuentra en un estado de gracia absoluto. Tras años de éxitos incontestables, este nuevo paso hacia la ciencia ficción más pura demuestra que el estudio no tiene miedo a experimentar con nuevas IPs, siempre que mantengan ese sello de calidad técnica y jugable que los ha devuelto al trono de los grandes.

El viaje por la Luna es una experiencia que se queda grabada. A pesar de esos primeros compases donde la repetición podría echarte para atrás, el juego sabe evolucionar con una elegancia pasmosa. La forma en que la jugabilidad se entrelaza con la narrativa, apoyada por una tecnología de vanguardia, hace que cada minuto valga la pena. Es un título que respeta el tiempo del jugador, ofreciendo una duración honesta a un precio que invita a todo el mundo a formar parte de esta misión espacial.
El despliegue gráfico, la fluidez de sus fotogramas y la belleza del Ray Tracing elevan la obra a un nivel que roza lo fotorrealista en muchos momentos. No es solo potencia bruta; es arte en movimiento. Pragmata es, sin duda, una de las sorpresas más gratas del año y un recordatorio de por qué amamos este medio: por la capacidad de llevarnos a lugares donde nunca hemos estado y hacernos sentir que, aunque estemos a miles de kilómetros de la Tierra, no estamos solos.
Pragmata ya está disponible en PS5, Xbox Series X|S, PC y Nintendo Switch 2.Pragmata
Pragmata es un prodigio que combina un misterio espacial fascinante con una jugabilidad que evoluciona hasta la excelencia. Capcom demuestra su maestría absoluta con una propuesta honesta, valiente y visualmente rompedora que nos ha dejado con la boca abierta. Es, sin ninguna duda, una parada obligatoria para quienes busquen algo fresco, profundo y espectacular.
Lo mejor
- El despliegue técnico: es un espectáculo visual
- La relación entre Hugh y Diana es de lo mejor del juego
- Un título que no rellena horas artificialmente
- La evolución del combate y su variedad
Lo peor
- Inicio algo pausado
- Echamos de menos algún tema musical que se quede grabado
- Ausencia del modo foto, imprescindible para muchos
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Historia
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Jugabilidad
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Apartado artístico
-
Apartado sonoro

