Romper una inercia de tres lustros no es nada fácil, y menos en un entorno tan cuadriculado como el de los lanzamientos deportivos anuales. Desde que Codemasters tomó las riendas de la franquicia oficial en 2009 con esa entrega «experimental» para Wii y PSP, la decisión estaba muy clara: un título nuevo por temporada y a precio de novedad en las estanterías. Sin embargo, por primera vez en todo este tiempo, EA y el estudio británico han decidido bajarse de esa rueda para probar algo totalmente inédito: traernos una revolución técnica histórica mediante una gran expansión integrada directamente dentro del ecosistema de F1 25.
Lejos de ser una simple excusa para ganar tiempo o tomarse un año sabático, lo cierto es que nos hemos topado con una sorpresa mayúscula. Curiosamente, este contenido descargable encierra un trabajo de rediseño mucho más ambicioso, valiente y cargado de novedades reales que varias de las entregas pasadas. El ejemplo más flagrante y cercano lo sufrimos con el desastroso F1 24, un producto estancado que más bien fue una involución en la conducción. En cambio, aquí el salto evolutivo se percibe desde el momento en que pisamos el acelerador por primera vez, obligándonos a adaptarnos de golpe a un reglamento que redefine por completo la ingeniería de la máxima categoría.
Así que, con esta introducción ya realizada por un andaluz que está pasando un calor horroroso, estamos más que listos para desgranar al detalle si este experimento ha salido cara o cruz.
Revolución en la conducción y en las físicas
El gran valor de este paquete de temporada radica en que no se limita a sustituir unas escuderías por otras, sino que nos obliga a convivir con dos filosofías de ingeniería completamente opuestas. En los menús tenemos disponibles tanto los monoplazas de la temporada 2025 como los nuevos diseños de 2026. Pasar de unos a otros es un auténtico choque cultural para cualquier jugador habitual de la saga.

Al dar el salto al reglamento de 2026, lo primero que notamos es la drástica reducción del 15% en la carga aerodinámica global. Los coches son más estrechos, cortos y compactos, lo que se traduce en una dualidad muy marcada según el tramo del circuito que estemos afrontando:
- Zonas lentas y virajes revirados: El coche se siente de inmediato mucho más ligero, ágil y reactivo. Entra mejor al vértice y responde con una viveza que se agradece en circuitos revirados.
- Curvas rápidas y de apoyo largo: Aquí es donde la pérdida de carga aerodinámica se hace notar. El monoplaza pierde esa sensación de ir «sobre raíles», parafraseando a Antonio Lobato; se vuelve flotante, el eje trasero se aligera de forma alarmante y exige hilar finísimo con el volante para mantener la trayectoria sin acabar contra las protecciones.
La frenada se ha vuelto uno de los puntos más críticos y delicados de toda la experiencia. El nuevo sistema híbrido cuenta con un freno motor eléctrico sumamente agresivo. Al levantar el pie del acelerador o iniciar la deceleración, la retención es tan brusca que el coche tiende a enroscarse y trompear con una facilidad pasmosa. Nosotros hemos tenido que trastear a fondo con los reglajes personalizados desde la primera sesión: bloquear bastante más el diferencial de deceleración, modificar la convergencia de las ruedas y añadir carga extra son pasos obligatorios si no queremos que el monoplaza se vuelva ingobernable en cada frenada fuerte.
La gestión de la batería
Si la aerodinámica cambia la forma de trazar, las nuevas unidades de potencia —donde el apartado eléctrico aporta prácticamente la mitad de la fuerza total con sus 350 kW— redefinen por completo la estrategia en carrera. Ya no vale con hundir el pie derecho y olvidarse de lo demás; ahora disputar una posición es un rompecabezas energético constante.
El Modo Recta y el Modo Boost
La llegada de la aerodinámica activa introduce el Modo Recta. A lo largo del trazado, los alerones delanteros y traseros modifican la apertura de sus flaps para reducir la resistencia al aire. Aunque el juego permite configurarlo en automático, utilizarlo en manual es sumamente intuitivo y aporta un plus de inmersión fantástico. El propio HUD y los indicadores del volante nos alertan con señales visuales muy claras (como un destello de color lila al lado del velocímetro) y acústicas para saber exactamente cuándo abrir el ala. Al pisar el freno, el sistema se cierra de forma automática, calcando el comportamiento del antiguo DRS pero extendido a muchas más zonas de la pista.

Por su parte, el antiguo botón de overtake cede su sitio al nuevo Modo Boost. Este comando libera un torrente de potencia eléctrica inmediato para atacar o defenderse. El empuje es tan descomunal que altera por completo nuestras referencias habituales: la velocidad punta sube con tanta rapidez que es totalmente necesario adelantar el punto de frenada en la siguiente curva si no queremos pasarnos de largo. La contrapartida es que la batería se evapora en un abrir y cerrar de ojos (calcado a la realidad), obligándonos a medir con lupa en qué metros exactos del circuito compensa activarlo.
El Modo Adelantamiento y la pesadilla del Superclipping
El reglamento sustituye la lógica tradicional del DRS por el nuevo Modo Adelantamiento. El funcionamiento cambia la dinámica de las persecuciones: si nosotros cruzamos el punto de detección (situado antes de encarar la recta principal) a menos de un segundo del monoplaza de delante, el sistema nos concede un despliegue de energía extra que se mantiene activo durante toda la vuelta completa (puedes verlo en el HUD cuando el porcentaje de batería se cambia de color, de amarillo a azul). Esta ventaja no rellena la batería, sino que eleva los umbrales de entrega eléctrica por encima de lo que puede exprimir nuestro rival, facilitando las maniobras de adelantamiento a lo largo de todo el giro.
Sin embargo, estirar tanto el motor eléctrico tiene un precio muy alto: el polémico superclipping. Si nos vaciamos utilizando el boost y el modo adelantamiento, al llegar al final de las rectas sufriremos una pérdida de potencia repentina y brutal. El coche se queda completamente congelado, incapaz de superar los 300 km/h mientras vemos cómo los rivales nos pasan como aviones.
Esto nos obliga a interiorizar técnicas de conducción eficiente como el Lift and Coast (levantar el pie del acelerador unos metros antes de activar el freno). Por suerte, la Inteligencia Artificial no está bendecida con energía infinita; los pilotos rivales también sufren este desinfle eléctrico, pierden potencia y se quedan sin batería, regalándonos momentos muy realistas donde se aprecia perfectamente cómo se les corta el empuje en mitad de una recta, por lo que se producen las batallas bautizadas como «yo-yo»: te adelantan y les adelantas constantemente.
Esta «nueva F1» te puede gustar más o menos, pero el trabajo que ha hecho Codemasters para reflejar la realidad en el juego es encomiable. Más realista no se puede hacer.
El nexo entre dos eras
A nivel de modalidades de juego, la expansión se integra con inteligencia en la estructura base ya conocida. El gran atractivo es poder saltar entre las físicas del reglamento saliente de 2025 y el entrante de 2026, lo que aporta una variedad enorme a los Grandes Premios individuales y a los campeonatos personalizados.
La actualización de la parrilla para la nueva era es total. Nos encontramos con el debut formal de estructuras oficiales tan potentes como Audi y Cadillac. En esta última, los bailes de asientos nos dejan con una de las duplas más curiosas del paddock, uniendo la veteranía de Valtteri Bottas con la agresividad de Sergio Pérez. Además, el juego integra de salida a las nuevas caras del automovilismo, permitiendo competir con jóvenes talentos de la cantera como Arvid Lindblad, lo que aporta un lavado de cara sensacional a la experiencia del modo trayectoria.
Hay que destacar que la IA ha recibido un reajuste de tuercas bastante notorio. Los pilotos virtuales son mucho más combativos y aprovechan las flaquezas de nuestra gestión de batería sin pensárselo dos veces. En lo personal, el año pasado jugaba en dificultad 108, y he tenido que reajustar el listón hacia los 105 puntos.
Quemando goma en la capital
El gran escenario inédito de esta expansión es el circuito de MADRING, el trazado urbano y semiurbano de Madrid que debuta con sus 5,4 kilómetros. Dado que el circuito real todavía se encuentra en fase de construcción, los desarrolladores han tenido que dar forma al trazado guiándose por planos de ingeniería y diseños CAD. A pesar de no contar con el escaneo láser habitual en las pistas clásicas, el resultado visual en el juego es muy bueno y transmite una atmósfera de GP urbano fantástica.

Eso sí, durante nuestras sesiones de juego hemos detectado un pequeño fallo de interfaz bastante molesto al entrar en la calle de garajes de Madrid; el limitador de velocidad del HUD a veces se queda congelado o bugeado, impidiendo ver con claridad si el indicador se pone en verde o si estamos a punto de recibir una sanción por exceder el límite del pit lane. Un detalle menor que esperemos corrijan pronto mediante un parche.
El online es el mismo caos de siempre
Afrontar las vertientes multijugador en esta expansión nos deja con una sensación de déjà vu bastante amarga. No necesitamos extendernos demasiado en este punto porque, desgraciadamente, las lobbys siguen arrastrando los vicios endémicos de la franquicia: son pistas de coches de choque. Da igual el reglamento técnico que escojas; en el 90% de las carreras online contra jugadores reales, la primera curva se convierte en una montonera insalvable. La falta de limpieza en los adelantamientos y las «frenadas sin frenar» transforman la competición en una lotería donde sobrevivir al primer sector es el único objetivo real.

Además, tenemos un sistema de seguridad que no arranca. Si bien es cierto que la culpa directa de estos accidentes es de la propia comunidad y no de Codemasters, el estudio británico sigue sin dar con la tecla para solucionarlo. El método actual de segmentar y separar a los pilotos mediante licencias y niveles de seguridad resulta totalmente ineficaz. No consigue filtrar a los infractores ni proteger a los usuarios limpios, evidenciando que esta infraestructura necesita una vuelta de tuerca drástica desde los cimientos si de verdad se busca ofrecer una experiencia competitiva digna.
La nota positiva es que el gran acierto de este paquete de contenidos de cara al multijugador es la absoluta libertad que otorga al jugador en los menús de selección. Tenemos la opción de buscar partidas o configurar salas utilizando tanto la parrilla y físicas tradicionales de la temporada 2025 como los nuevos y complejos monoplazas de 2026, lo que duplica las opciones de juego.
Luces y sombras de un motor gráfico veterano
Hemos jugado en PS5 Pro, como recalcamos en el título del análisis, y hay que reconocer que el hardware exprime de forma muy notable el renovado PSSR. En este sentido, el juego nos pone sobre la mesa dos opciones de configuración muy claras y bien diferenciadas que rinden de forma impecable en resolución 4K:
- Modo Calidad a 60 fps: Esta opción prioriza un acabado visual limpio y nítido, manteniendo intactas las sombras y la iluminación global difusa. Gracias al reescalado inteligente, la imagen se percibe significativamente más definida y libre de dientes de sierra en comparación con lo visto en la consola base.
- Modo Rendimiento a 120 fps: Es el auténtico rey si lo que buscamos es una respuesta instantánea al volante o al mando. En pantallas compatibles con refresco a 120 Hz, como es nuestro caso, la fluidez es absoluta y la suavidad al negociar los virajes rápidos compensa con creces cualquier sutil sacrificio en la carga poligonal de fondo. Todas las capturas de este análisis son de este modo.
A nivel puramente general, el plano estético de esta expansión cumple con soltura y mantiene los estándares de solvencia que hemos visto en las últimas entregas de la franquicia. El Ego Engine de Codemasters sigue sacando músculo de forma espectacular en las condiciones climáticas adversas; correr de noche y bajo una intensa lluvia sigue regalando las mejores estampas visuales de la experiencia. El efecto del agua pulverizada distorsionando los faros de los rivales, los reflejos hiperrealistas sobre los charcos del asfalto y la acumulación de gotas en la visera del casco logran que la inmersión sea fantástica.
Sin embargo, la sensación predominante es que el motor gráfico actual ha tocado techo de forma definitiva. Hace falta un escalón más, un verdadero salto cualitativo que deje atrás los modelados de personajes algo robóticos en los talleres y ciertas texturas del entorno que ya delatan el paso de los años.
Precisamente por esto, vemos como una decisión de lo más acertada que EA y Codemasters hayan optado por lanzar una expansión en lugar de un juego completo a precio de salida. Este respiro en el calendario de lanzamientos anuales debería dar el margen necesario al estudio para volcar todos sus esfuerzos y centrarse en rehacer y pulir su tecnología desde los cimientos. Todas nuestras expectativas quedan depositadas ahora en 2027, año en el que esperamos ver la verdadera revolución técnica y visual que la franquicia lleva reclamando desde hace tiempo.
El rugido de la nueva era híbrida
Donde el apartado sonoro saca el rodillo y justifica el salto generacional es directamente sobre el asfalto. El rediseño acústico de las unidades de potencia para la temporada 2026 es, sencillamente, un deleite para los entusiastas del motor, marcando una mejoría abismal en comparación con lo que escuchamos el año pasado. Cada propulsor se ha grabado y ecualizado meticulosamente para dotarlo de una identidad propia y muy reconocible desde la cámara del habitáculo, permitiéndonos distinguir la procedencia de cada monoplaza con solo aguzar el oído.

Un claro ejemplo de este excelso trabajo lo encontramos en la nueva unidad de potencia Red Bull-Ford Powertrains, que es una auténtica delicia para los oídos al ofrecer un bramido rotundo, bronco y con una contundencia en marchas cortas que transmite a la perfección la agresividad de su nuevo socio norteamericano. En el lado opuesto del espectro acústico, el esperadísimo debut de la firma de los cuatro aros con el motor Audi llega acompañado de una ingeniería de audio impecable. Su sonido se percibe mucho más agudo, tecnológico y sofisticado, regalando un silbido de la parte eléctrica que se integra de manera magistral con la combustión interna en plena fase de aceleración.
Para redondear la inmersión en la pista, los efectos ambientales que acompañan a la conducción terminan de coronar el conjunto. El siseo aerodinámico de los flaps de la aerodinámica activa al abrirse en mitad de las rectas, el violento chasquido del limitador al entrar al pit lane y el ruido sordo de los neumáticos al morder con fuerza los pianos peraltados de la Monumental en Madrid demuestran que el equipo de sonido ha hecho los deberes con una nota altísima.
Hay un «pero» en la cabina de retransmisión…
El ambiente previo a las carreras es un factor crucial para meter al jugador en la piel de un piloto de élite, y en este sentido el juego nos ofrece una de cal y otra de arena. Por un lado, las introducciones previas de Antonio Lobato vuelven a cumplir con creces; su tono mantiene esa energía tan característica que consigue transmitir la tensión y el espectáculo del Gran Circo justo antes de que se apaguen los semáforos.

Sin embargo, el contraste llega cuando el protagonismo pasa a los comentarios de Pedro de la Rosa y Nira Juanco. Aquí nos hemos topado con unas intervenciones un tanto flojas y regulares. La entrega de sus líneas peca de ser demasiado plana y encorsetada, evidenciando de forma muy notoria que están leyendo un guion frente al micrófono en lugar de conversar de manera fluida. A estas alturas de la franquicia, se echa en falta una mayor dosis de espontaneidad y dinamismo para que los análisis técnicos y los apuntes de carrera no se sientan tan automatizados.
El veredicto de una nueva reglamentación de F1
Aceptar el desafío de trasladar a los mandos una revolución reglamentaria antes de que se asiente del todo en el asfalto real siempre implica caminar sobre el filo de la navaja. Sin embargo, este movimiento estratégico de EA y Codemasters ha terminado saliendo notablemente bien. Al bajarse de la rueda de los lanzamientos anuales obligatorios y empaquetar esta reestructuración técnica en forma de contenido descargable a menos de 30€, el estudio británico no solo ha dado un respiro al bolsillo de los aficionados, sino que ha puesto sobre la mesa una cantidad de cambios palpables en la conducción muy superior a lo que vimos en propuestas estancadas a precio completo.
El núcleo sobre el que gira toda esta expansión es, sin lugar a dudas, la diversión. Dejando a un lado los fríos números de la telemetría, el juego es tremendamente entretenido y dinámico. Estar dentro del habitáculo obliga al jugador a mantener los cinco sentidos alerta, rompiendo con esa monotonía de trazar curvas en piloto automático que arrastraban las últimas entregas. La constante toma de decisiones sobre cuándo estirar el motor y cuándo conservar convierte cada Gran Premio en un ejercicio de tensión constante donde resulta imposible aburrirse.
Ahora bien, la fidelidad con la que se han plasmado las nuevas directrices de la FIA nos introduce de lleno en el encendido debate que arrastra el Gran Circo en las pistas reales. Nos referimos, concretamente, a ese particular juego del gato y el ratón en el que se han convertido las maniobras en recta: los llamados adelantamientos en «yo-yo». Esta mecánica provoca situaciones donde nosotros podemos exprimir el Modo Adelantamiento, ganar la posición con una facilidad pasmosa, pero quedarnos tan vacíos de energía eléctrica inmediatamente después que nos volvemos completamente vulnerables, propiciando que el rival nos devuelva la jugada en la siguiente recta al sufrir nosotros los efectos del superclipping. Es pura dopamina rápida: «Adelantamientos TikTok».
Este bucle de sobrepasadas constantes puede gustar más o menos según el perfil de jugador, pero es el reflejo exacto de las críticas que están resonando con fuerza en los circuitos reales. Son muchos los que tachan este nuevo automovilismo de ser excesivamente artificial, argumentando que la dependencia extrema de los mapas de potencia y la gestión de los megajulios diluye de forma preocupante el «factor piloto». Ya no se premia tanto la apurada de frenada salvaje o el talento puro en el cuerpo a cuerpo, sino la capacidad estratégica de gestionar una batería que se agota a una velocidad de vértigo.
Codemasters no ha hecho más que replicar ese escenario con valentía: si te apasiona la vertiente más estratégica y cerebral de la competición, vas a disfrutar como un enano; si buscabas un purismo donde tus manos al volante lo fuesen todo, es muy probable que termines compartiendo el descontento de gran parte de la parrilla real.
En definitiva, estamos ante un contenido valiente, que asume riesgos y que transforma por completo la experiencia de juego clásica. No es perfecto, y el multijugador sigue necesitando una reforma estructural urgente, pero como puente hacia el futuro y como banco de pruebas técnico, cumple con creces lo prometido y nos deja con unas ganas enormes de ver qué serán capaces de lograr de cara a la próxima temporada con un motor gráfico renovado.
F1 25: 2026 Season Edition ya está disponible para PS5, Xbox Series X|S y PC.
F1 25: 2026 Season Edition
Nos encontramos ante una expansión sumamente divertida y valiente por parte de EA y Codemasters que transforma por completo las sensaciones habituales al volante. Aunque arrastra las flaquezas crónicas del multijugador y plasma (de manera excelsa) un polémico reglamento real que prioriza la estrategia energética sobre el talento puro del piloto, la enorme carga de novedades jugables y el gran estreno de MADRING justifican con creces su adquisición de cara a los próximos meses.
Lo mejor
- Una renovación real y valiente
- Diversión e inmersión en la gestión
- La sinfonía de los nuevos motores
- Poder disfrutar de MADRING
Lo peor
- El endémico caos del online
- Un doblaje encorsetado y plano
- Síntomas de agotamiento técnico
-
Jugabilidad
-
Apartado artístico
-
Apartado sonoro
-
Multijugador




