Hoy es un día de esos que marcan un antes y un después en el mundo de los videojuegos. Si la semana pasada fue Sony con su anuncio de no publicar juegos físicos a partir de 2028, hoy ha sido Microsoft quien ha sacudido por completo los cimientos de su división de entretenimiento con un comunicado que no deja indiferente a nadie. Bajo el título directo de Resetting XBOX (Reiniciando Xbox), la nueva Directora Ejecutiva de la marca, Asha Sharma, ha anunciado una reestructuración profunda que cambiará la estrategia de la compañía para siempre.
Las cifras, por desgracia, son dolorosas: el plan contempla el despido de 3.200 trabajadores a lo largo del año (comenzando ya mismo con la salida de 1.600 personas). Además, cuatro de sus estudios de desarrollo más conocidos dejarán de formar parte de Xbox para buscar su propio camino de forma independiente o bajo el ala de nuevos inversores.
Te contamos todo a continuación.
¿Por qué llega este «reinicio»?
Asha Sharma, quien asumió el timón de Xbox tras la jubilación de Phil Spencer, ha cumplido sus primeros 100 días en el cargo y ha querido ser completamente transparente sobre la situación financiera de la empresa. La realidad que describe es dura: Xbox lleva años operando con márgenes de beneficio extremadamente bajos si se comparan con el resto de la industria.
La estrategia de las últimas dos generaciones, que consistía en vender consolas baratas y asumir pérdidas con la esperanza de recuperar el dinero mediante suscripciones y la venta de juegos, simplemente ya no se sostiene. El servicio Xbox Game Pass y la apertura hacia un ecosistema multiplataforma no han crecido al ritmo que Microsoft necesitaba.
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Para más inri, la crisis de los componentes electrónicos ha empeorado las cosas. Hace apenas un mes, la compañía tuvo que subir el precio de sus consolas entre 100 y 150 dólares en todo el mundo porque fabricarlas se había vuelto prohibitivo: los costes de los chips de memoria se han multiplicado por 2,5. Mantener el modelo actual se había vuelto una misión imposible.
El futuro de los estudios afectados: Buscar una salida para sobrevivir
A diferencia de los traumáticos cierres de estudios que vimos el año pasado (como el de Tango Gameworks), la estrategia de Sharma esta vez busca «soltar amarras» de una forma más constructiva, permitiendo que los equipos sigan vivos fuera de Microsoft:
- Compulsion Games y Double Fine Productions: Dos de los estudios más independientes y creativos de la firma (responsables de juegos como Psychonauts) recuperarán su autonomía. Volverán a ser estudios independientes, manteniendo los derechos de sus sagas y recibiendo un fondo de financiación de despedida por parte de Xbox para que puedan terminar y lanzar sus próximos proyectos.
- Ninja Theory y Undead Labs: Los creadores de Hellblade y State of Decay pasarán a manos de nuevos compradores e inversores. Este cambio de dueños inyectará el dinero necesario para que juegos de gran calibre como State of Decay 3 y el futuro de Senua sigan adelante sin el freno de mano de los recortes de Microsoft.
- Arkane Studios: Sobre los creadores de Dishonored, Sharma ha explicado que se han iniciado consultas en Europa con sus comités de empresa para ver qué opciones estratégicas tienen sobre la mesa, lo que apunta también a una posible venta o separación del grupo.
La buena noticia dentro de la gravedad del asunto es que la directiva ha asegurado que ninguno de los grandes videojuegos que ya han sido anunciados va a ser cancelado. Por su parte, los gigantes Mojang (Minecraft) y King (Candy Crush) pasarán a reportar directamente a la propia Asha Sharma. Al ser los estudios con más jugadores activos del planeta, la directiva los considera plataformas clave para el futuro de la compañía. El resto de recortes afectarán de forma variable a divisiones como Activision, Blizzard y Bethesda.
Guerra total a la burocracia
El segundo gran pilar del plan de Sharma es limpiar el exceso de burocracia dentro de la propia Microsoft. La CEO ha revelado que el trabajo en algunas áreas de Xbox tenía que pasar por hasta 14 capas de gestión (jefes y mandos intermedios) antes de aprobarse. Además, los equipos de plataforma se habían inflado un 40% a pesar de que el número de jugadores y las horas de juego en la plataforma habían disminuido.
Para solucionar esta lentitud, Xbox va a reestructurarse de forma plana: no habrá más de 5 capas de gestión (y en muchos casos solo 3). Se priorizará a los creadores puros y a líderes que se involucren directamente en el código. También se simplificarán las herramientas internas y se recortará el gasto en proveedores externos en un 50%.
Nueva Directora de Operaciones
Para asegurarse de que este nuevo modelo funcione, Xbox ha nombrado por primera vez a una Directora de Operaciones (COO) con responsabilidad absoluta sobre los ingresos y pérdidas de hardware, contenido y servicios. El cargo lo asumirá Helen Chiang, una veterana con dos décadas en la empresa que hasta ahora lideraba con un éxito rotundo la franquicia de Minecraft.
En el lado de las despedidas, se ha anunciado la jubilación de Dave McCarthy tras 17 años en Xbox. McCarthy ha sido una figura fundamental en la historia de la marca, siendo el encargado de construir la infraestructura de red en la que hoy confían millones de jugadores cotidianamente.
¿Hacia dónde se dirige Xbox ahora?
Esto no significa que Microsoft tire la toalla con los videojuegos, sino que va a centrar todas sus fuerzas en lo que de verdad le funciona. La nueva orden es clara: poner todo el dinero y los recursos en sus franquicias más potentes e incuestionables, como Halo, Call of Duty, The Elder Scrolls y Fallout.
Por otro lado, los planes tecnológicos más ambiciosos siguen adelante. La consola de próxima generación (conocida como Project Helix) y la integración total de la experiencia Xbox dentro de Windows 11 siguen siendo prioridades absolutas. Parece que el ecosistema se enfocará definitivamente en el PC y en dispositivos premium muy bien definidos, dejando atrás la obsesión por ganar la guerra tradicional de consolas en el salón de casa.
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Xbox entra en una época de pies en el suelo, mucha cautela y pragmatismo; un reinicio difícil de digerir, pero que sus líderes consideran vital para asegurar la supervivencia de la marca a largo plazo.
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