Cuando CD Projekt RED lanzó The Witcher 3: Wild Hunt en la Nintendo Switch original allá por 2019, hubo opiniones mixtas. Meter semejante obra de rol y mundo abierto en una consola con la potencia de una tablet parecía una brujería digna de la propia Yennefer. Se recortó resolución, se tragó con texturas algo borrosas y con tirones puntuales, pero la magia de llevar a Geralt de Rivia en el bolsillo tapaba casi cualquier sacrificio.
Siete años después, con Nintendo Switch 2 ya asentada en el mercado, la desarrolladora polaca —esta vez mano a mano con el estudio Yigsoft— ha vuelto a llamar a nuestra puerta para ofrecernos algo superior a una simple actualización de resolución. The Witcher 3: Wild Hunt Remastered aterriza en la sucesora de la primera Switch (junto a PS5, Xbox Series X|S y PC) para mostrar la mejor versión de Geralt de Rivia.
Esta nueva versión llega como una actualización totalmente gratuita para quienes ya poseían el juego original, un gesto que en los tiempos que corren se agradece enormemente y demuestra el compromiso del estudio con su comunidad. Sin embargo, la etiqueta «Remastered» se le queda corta en más de un sentido.
No estamos ante un lavado de cara típico de las versiones HD; nos encontramos con un trabajo que toca la jugabilidad, los sistemas internos del juego, la interfaz y las capacidades físicas del propio dispositivo. En este análisis vamos a desgranar punto por punto qué tal le ha sentado este reencuentro a una obra que ya forma parte de la historia del videojuego. Adelantamos que volver a cabalgar por Velen vuelve a sentirse tan fascinante como el primer día, pero con la comodidad tecnológica que exigimos en los tiempos actuales.
Un mundo sin morales
A estas alturas, la premisa de The Witcher 3: Wild Hunt no pillará por sorpresa a prácticamente nadie, ¿no? Volvemos a encarnar a Geralt de Rivia, el veterano cazador de monstruos de mutaciones genéticas y espadas plateadas, cuya misión principal radica en encontrar a Ciri, su hija adoptiva y la Muchacha de la Profecía. Con la devastadora Cacería Salvaje pisándole los talones a la joven y el vasto Continente desangrándose por culpa de la invasión del imperio de Nilfgaard, la narrativa teje una red de conflictos políticos, dilemas morales y dramas personales donde rara vez existe una elección «buena» o «mala».
Tanto la campaña principal como sus dos expansiones (Hearts of Stone y Blood and Wine) se mantienen intactas.
Novedades narrativas y contenido inédito
Aunque la trama troncal no se ha tocado —lo cual celebramos, ya que roza la perfección—, esta versión Remastered sí incluye adiciones argumentales y de lore que no estaban presentes cuando el juego debutó originalmente en 2015.
Entre los añadidos narrativos más destacados encontramos la misión secundaria «En la sombra del fuego eterno», ubicada en el Foso del Diablo en Velen. Esta aventura nos sumerge en una trama envuelta en terror y corrupción dentro de las cavernas de la zona, ofreciéndonos además la posibilidad de fabricar los diagramas de la Armadura del Lobo Olvidado, inspirada directamente en la serie de Netflix.
Por último, resulta especialmente curioso comprobar cómo se han sembrado guiños sutiles en diálogos y notas repartidas por el mapa que conectan con Songs of the Past, la futura expansión prevista para 2027 ambientada en el reino de Letten, y el futuro The Witcher 4. Nos parece un acierto que CD Projekt RED no haya alterado la trama original y se haya limitado a expandir el universo con misiones con sentido y recompensas que encajan como un guante en la aventura.
Cuando la espada se siente más precisa que nunca
The Witcher 3: Wild Hunt Remastered saca partido a las características de Switch 2, haciendo que la experiencia portátil se sienta mucho más completa de lo que vivimos en la consola anterior.
Uno de los añadidos más agradecidos en el día a día es la implementación del giroscopio. Apuntar con la ballesta mientras nadamos bajo el agua o calcular el parábola exacta de una bomba en pleno combate contra un grupo de sumergidos ya no requiere pelearse con el joystick derecho si no queremos. Con un movimiento de muñeca podemos ajustar el tiro con precisión —si estás acostumbrado a usarlo, claro—.
Por otro lado, la incorporación del modo ratón supone una bendición para la navegación por los menús. Moverse por el inventario, inspeccionar el árbol de habilidades o la alquimia se vuelve algo instantáneo, permitiéndonos desplazar el puntero por la pantalla como si tuviéramos un ratón de PC en la mano.
A esto hay que sumarle la integración de controles táctiles en el modo portátil. Tocar la pantalla para navegar por el mapa o jugar al Gwent deslizándolas directamente con el dedo es muy intuitivo.
Novedades jugables en todas las plataformas
Más allá de los controles de la consola, tenemos otras novedades jugables. La más destacada durante las peleas es, sin duda, el lanzamiento rápido de Señales. En lugar de abrir la rueda radial para equipar Aard, Igni o Quen, ahora basta con mantener pulsado un gatillo y presionar el botón correspondiente para soltar el hechizo al instante, lo que mejora la fluidez en combate.
La cámara también ha recibido una revisión con la nueva opción de perspectiva sobre el hombro. Al activar este enfoque, la vista se aproxima a la espalda de Geralt tanto en el combate como en la exploración. Para quienes prefieran la visión clásica más panorámica, el juego permite alternar o personalizar la distancia según estemos a pie, a lomos de Sardinilla o en plena batalla.
Adiós a los tiempos de carga de la primera Switch
Otro de los avances indispensables que redimen a esta versión frente al título de Switch radica en el rendimiento del almacenamiento de la consola. Olvidaos de aquellas interminables pantallas de carga de más de un minuto cada vez que moríais o viajabais entre regiones como Novigrado y Skellige; aquí el viaje rápido es prácticamente instantáneo, tardando apenas tres o cuatro segundos en devolvernos a la acción.
Además, la vibración HD rediseñada de los Joy-Con 2 transmite con un matiz formidable cada impacto de la espada, el chispazo eléctrico al lanzar Yrden o el galope pesado de Sardinilla sobre el barro, haciendo la experiencia sensorial todavía más redonda.
Rebalanceo de combate y comodidades de vida
Se ha integrado un rebalanceo del combate, ajustando las estadísticas de las armaduras, el escalado de daño de los enemigos y la utilidad de mutaciones que antes quedaban eclipsadas. Además, se han solucionado molestias del juego base: la altura mínima para sufrir daño por caída se ha ajustado para evitar muertes absurdas, y la recolección de hierbas ahora es instantánea, sin necesidad de abrir una ventana emergente para recoger cada planta.
El nuevo HUD nos da la opción de ocultar el minimapa y los marcadores de misión cuando exploramos sin estar en combate o sin usar los sentidos de brujo, limpiando la pantalla para disfrutar del paisaje. Por su parte, los filtros rediseñados del mapa nos permiten ocultar la «maraña» de signos de interrogación para no saturarnos con la lista de tareas pendientes. En definitiva, la jugabilidad de The Witcher 3 ha madurado con las decisiones correctas, convirtiéndose en un título mucho más ágil, inmersivo y cómodo de jugar en cualquier lugar.
Píxeles con sabor a pintura y melodías que erizan la piel
Entrar a valorar el apartado visual de The Witcher 3: Wild Hunt Remastered en Nintendo Switch 2 exige poner las cosas en perspectiva. Estamos ante la revisión de un título que vio la luz originalmente en 2015 y, aunque los años no pasan en vano y ciertos modelados o animaciones delatan su veteranía, el lavado de cara que ha recibido es enorme si lo comparamos con el milagroso, pero borroso port de la consola anterior.
En los primeros planos cinematográficos, el trabajo en el modelado de personajes destaca de forma inmediata. La piel de Geralt exhibe una carga de detalle soberbia, permitiéndonos apreciar con claridad las arrugas, el brillo acumulado en la tez y las marcadas cicatrices que cruzan su espalda. Rostros tan emblemáticos como el de Yennefer o Ciri lucen una nitidez impecable en el sombreado, los párpados y la caída individual del cabello.
Este salto cualitativo también se traslada al vestuario y al equipamiento. La cota de malla de las armaduras refleja la luz del sol entre los árboles con anillos metálicos perfectamente individualizados, mientras que las telas de los aldeanos en las tabernas o los remaches de cuero en el jubón de Ciri muestran una porosidad y textura hiperrealistas.
Por su parte, la representación de la naturaleza y los entornos ha ganado enteros: la vegetación en los senderos de Huerto Blanco presenta mayor densidad, la iluminación ambiental al atardecer baña el paisaje de tonos cálidos de forma muy natural y la física del agua ofrece un comportamiento fantástico, con ondas y reflejos limpios en las orillas.
Sin embargo, no nos engañemos: como hemos dicho al comienzo de este apartado, bajo esta capa de pintura y texturas de alta resolución sigue latiendo un título diseñado originalmente en 2015, algo que se delata puntualmente en ciertas animaciones rígidas de los PNJ secundarios o en la arquitectura de los edificios más lejanos.
Resoluciones y FPS
En el modo portátil, el motor del juego renderiza a una resolución base de 720p para posteriormente apoyarse en la tecnología de reescalado por DLSS de NVIDIA y escupir una imagen a 1080p en la pantalla de la máquina. Cuando colocamos la consola en el Dock, la resolución interna intenta buscar los 1080p nativos para reescalar la señal hasta los 1440p (2K) en nuestro televisor. El tratamiento de la imagen gana enteros en nitidez, la vegetación ya no parpadea como y el renderizado del agua merece una mención aparte: los reflejos, la densidad del oleaje en las costas de Skellige y cómo reacciona a la luz del atardecer lucen francamente increíbles.
En lo que respecta a la tasa de refresco, el juego oscila entre los 30 y los 40 cuadros por segundo gracias al VRR, ofreciendo una fluidez extra muy bienvenida durante las caminatas a pie o a caballo. Sin embargo, hay un matiz crucial si jugamos conectados a la tele: para disfrutar de ese margen por encima de los 30 cuadros en modo Dock es imprescindible conectar la consola a un panel compatible con 120Hz. De no ser así, el título se queda anclado a unos rocosos 30 FPS.
Un trabajo correcto, pero mejorable
Aunque el avance frente a la primera Switch es incuestionable, al analizar las tripas de esta versión de Switch 2 nos queda un sabor agridulce. El estudio se ha quedado algo corto en la optimización. Creemos firmemente que, ajustando la resolución interna o puliendo la carga poligonal, se podrían haber alcanzado los 60 cuadros por segundo.

Para muestra basta mirar en casa de la propia CD Projekt RED con el trabajo impecable logrado en la versión de Cyberpunk 2077 para esta misma consola, un título infinitamente más exigente en carga procesal y densidad urbana que corre de maravilla. Por esta razón, consideramos que estamos ante un port gráfico correcto y cumplidor que se disfruta mucho, pero que se queda lejos de ser el alarde técnico que podría haber sido en la nueva portátil.
Además, en pantalla grande aflora uno de los compromisos más evidentes de este port. Al estirar la imagen en televisores de gran diagonal, el algoritmo de reescalado deja al descubierto bastantes dientes de sierra, como las en vallas de madera, las hojas de las espadas, los bordes de los tejados o la vegetación lejana.
Lo interesante es que estos bordes dentados quedan prácticamente mitigados cuando jugamos en modo portátil, ya que el menor tamaño de la pantalla disimula esas imperfecciones y entrega una imagen visualmente mucho más uniforme y redonda. Es algo que ya hemos visto en varios títulos de Switch y Switch 2.
Folk eslavo y espadas que suenan de maravilla
Si en lo visual encontramos luces y sombras, el apartado sonoro roza la matrícula de honor como ha sido habitual en la franquicia. Es cierto que el juego nos llega sin doblaje al castellano —manteniendo las voces originales en inglés (con un Geralt encarnado brillantemente por voice actor Nick Boulding) respaldadas por una excelente traducción de textos al español—, pero la contundencia de sus efectos y el diseño de audio compensan con creces cualquier falta de doblaje.
La banda sonora compuesta por Marcin Przybyłowicz y Mikołaj Stroiński, en colaboración con la banda folk polaca Percival, sigue siendo una auténtica obra maestra de la música en los videojuegos. Las gaitas, el laúd, la zurna y los cánticos tradicionales eslavos consiguen transportarte de un plumazo a la melancolía de las ciénagas o a la violencia de un combate contra un leshen. Además, esta versión remasterizada aprovecha el Audio 3D.
Una obra maestra atemporal que encuentra su mejor versión portátil
The Witcher 3: Wild Hunt Remastered para Nintendo Switch 2 confirma lo que muchos ya sospechábamos: el clásico de CD Projekt RED es un título prácticamente inmune al paso del tiempo. Tras horas recorriendo nuevamente las tierras marcadas por la guerra de Velen, surcando las frías aguas de Skellige y disfrutando del colorido sol de Toussaint, la sensación es que estamos ante una de las mejores formas de disfrutar de esta aventura si lo que priorizamos es la versatilidad de jugar en cualquier parte.
El trabajo realizado para adaptar los sistemas a las peculiaridades de la nueva consola de Nintendo es francamente destacable. La integración del giroscopio para ajustar los disparos con ballesta, el puntero táctil para movernos por el inventario o la soltura del modo ratón hacen que interactuar con el mundo de Geralt sea más ágil e intuitivo que nunca. A esto se le suma un acabado gráfico portátil muy bueno gracias al reescalado por DLSS, donde los detalles en las armaduras, la expresividad facial de personajes como Ciri o Yennefer y el nivel de nitidez general brillan a un nivel impensable en la generación anterior.
No podemos ignorar, sin embargo, que el resultado final deja cierto margen de mejora en lo que al rendimiento se refiere. Al conectar la consola al Dock, la aparición de dientes de sierra visibles en pantallas grandes y la barrera de los 30-40 FPS dejan la sensación de que el hardware de Switch 2 tenía músculo suficiente para haber aspirado a un modo rendimiento a 60 fotogramas por segundo.
Tener al alcance de la mano más de 150 horas de uno de los mejores juegos de rol, con una calidad de vida completamente renovada, las expansiones Hearts of Stone y Blood and Wine incluidas de serie y el camino preparado para la futura Songs of the Past, convierte a este título en una adquisición imprescindible. Un retorno triunfal que demuestra que, cuando se trata de contar grandes historias, el Lobo Blanco sigue reinando sin rival.
The Witcher 3: Wild Hunt Remastered estará disponible el 29 de septiembre en PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch 2 y PC, recordando que si tenéis la versión original, la actualización a la versión remasterizada es completamente gratuita.
The Witcher 3: Wild Hunt Remastered
The Witcher 3: Wild Hunt Remastered convierte a la nueva consola de Nintendo en la mejor plataforma portátil para acompañar a Geralt de Rivia. Aunque se echa en falta un modo a 60 FPS y la versión en dock presenta dientes de sierra en pantallas grandes, la enorme cantidad de contenido y sus mejoras de calidad de vida lo mantienen como una obra maestra imprescindible.
Lo mejor
- Contenido colosal: más de 150 horas de juego
- Funciones exclusivas de Nintendo Switch 2
- Grandes mejoras jugables
- Actualización gratuita si tienes el juego original
Lo peor
- Podría ir a 60 fps
- Dientes de sierra en modo TV
- Sigue sin doblaje al castellano
- El peso de los años en algunas texturas y animaciones
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Historia
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Jugabilidad
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Apartado artístico
-
Apartado sonoro





